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2 oct 2008

Para la TV hemos diseñado en Chile un horario nocturno

Hacia una TV que no dañe a nuestros niños

PATRICIO DEL SOL (Ph.D.)
Presidente del Consejo de Canal 13

El regulador también debe cuidar el contenido después de las 22:00 horas porque muchos niños ven TV en ese horario.

Nadie discute que los niños no salen incólumes de la repetición de imágenes degradantes y que algunos contenidos hasta pueden llegar a dañar su salud. Por ejemplo, ha sido ampliamente comprobada la negativa consecuencia en ellos de productos audiovisuales con alto nivel de violencia y sexo explícito.

Ciertos grados y tipos de violencia televisiva generan insensibilidad ante la violencia real y enseñan a los niños a ser violentos. Y la exposición a sexo explícito genera en los niños comportamientos que reducen la capacidad posterior de disfrutar de una actividad sexual adulta en el contexto de una relación de pareja comprometida e integral.

En el cine, a los niños no se les permite ver algunas películas clasificadas para mayores, restricción que se implementa pidiendo una identificación en la entrada del recinto.

Para la TV hemos diseñado en Chile un horario nocturno, a partir de las 22:00 horas, en que los canales pueden emitir contenidos de adultos que podrían dañar a los niños. El problema es que no basta con especificar el horario para que automáticamente los niños no vean TV no apropiada para ellos. A veces no somos prácticos: hemos diseñado una solución no implementable.

No hay cómo asegurarse de que los niños no vean televisión después de las 22:00 horas. La televisión es un medio doméstico accesible a cualquier público, en particular infantil, a cualquier hora. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Televisión realizada este año por el Consejo Nacional de Televisión y Adimark, hay televisores en los dormitorios de los niños menores de seis años en el 19% de los hogares, porcentaje que sube a 30% cuando se trata de menores de 13 años.

Así, emisiones de los canales abiertos con contenidos sólo para adultos han estado dañando a nuestros niños. Creo que los costos sociales de emitir programas que dañan a los menores son mayores que los beneficios. En televisión la multiplicación de los canales y el zapping dificultan la contextualización de las situaciones complejas. Es difícil por tanto usar positivamente la violencia y el erotismo para ayudar a la audiencia a comprender más profundamente el mundo tal como es, con sus grandezas y miserias, como lo hacen las grandes películas.

La autorregulación es muy valiosa, pero no suficiente. Sin vulnerar los principios de libertad de expresión, el Consejo Nacional de Televisión tiene una responsabilidad ineludible como regulador, porque existe lo que los economistas llaman externalidades.

Si hay un horario nocturno que permite contenidos que dañan a los niños, el incentivo para los canales es usar la inteligibilidad inmediata de la violencia y el sexo para lograr alto rating. El último mes, por ejemplo, un programa sólo para adultos fue visto por casi dos millones de personas, un rating rara vez logrado en la TV chilena.

La externalidad ocurre porque los canales no pagan los costos sociales que estos contenidos generan, el aumento del crimen y el debilitamiento de la familia, entre otros. Tampoco los pagan muchos adultos que ven el programa. La regulación del contenido que daña la salud de los niños es vital. Muchos entendidos piensan que sin ella los canales que decidan marginarse unilateralmente de usar este tipo de contenido corren el riesgo de no ser financieramente viables.

Los padres están pidiendo ayuda. Es reveladora la opinión respecto de la TV abierta de los mil 577 encuestados -mayores de 26 años, de hogares con niños menores de 13 años, de todos los segmentos socio-económicos- de la encuesta nacional de televisión mencionada. De ellos, 97% opina que ésta debe estar sujeta a algún tipo de regulación, sólo 34% opina que hay horarios dentro del cual los canales deberían poder transmitir lo que quieran, 34% que debería haber una regulación estricta en todos los horarios, 19% que nunca debieran ser mostradas en televisión escenas de sexo y 28% que nunca debieran mostrarse escenas con alto niveles de violencia.

Después de las 22:00 horas, la TV puede hacer un aporte abordando complejidades de la vida adulta que aburran o no interesen a los niños. Sin embargo, como muchos niños sí ven TV en ese horario, el regulador debe prohibir también en ese espacio los contenidos que todos estamos de acuerdo que los dañan.

7 ago 2008

Discutiendo sobre libertad de expresión en TVN


Satanás y el Mercado

Dos académicos y una audiencia ilustrada discuten sobre contenidos, medios, noticias y derechos de los periodistas. Al principio, el asunto tiene olor a lugares comunes y jurisprudencia de vanguardia. Todo bien, hasta que Carlos Peña empezó a blasfemar.

Por Felipe Saleh

Son casi las 9 de la mañana. En el patio techado que está al lado del auditorio de TVN los mozos no se cansan de ofrecer jugos, sandwiches y pasteles. A todas luces fue un error tomar desayuno antes de salir. No hay mucha gente. Los de siempre para lo que parece ser el clásico seminario sobre la libertad de expresión. Jorge Cabezas, el jefe de prensa del canal, Eliana Rozas, ex directora ejecutiva de Canal 13 y que prepara el estreno de CNN Chile, El director ejecutivo de TVN Daniel Fernández (que se ocupa la mañana en estas cosas en vez de hablar sobre el precio del petróleo en el noticiero), el presidente del directorio Mario Papi, que luce un extraño pero discreto parche en su cuello, Montserrat Álvarez que moderará la conversación y Paola Doberti, gerente de marketing, contemporánea de Camiroaga en Extrajovenes pero que no ha envejecido tan lentamente como él. Más Algunos estudiantes, periodistas dispersos, académicos, fotógrafos y los expositores que se dejan acribillar por los flashes, dando por un segundo la idea de que esto puede ser el lanzamiento de la próxima teleserie.

El estelar es Claudio Grossman, decano de una escuela de leyes en Washington (American University College of Law ), ex presidente de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y, como sabremos luego un abogado con amplia experiencia internacional que domina el holandés, entre otros idiomas. Lo acompaña Carlos Peña, rector de la Universidad Diego Portales y en el último tiempo dueño de la única página de El Mercurio que se abre con cierta expectación.

Hasta el momento, cóctel incluido, los “Desafíos sobre la libertad de expresión” parece otra conferencia sobre este tema, donde Satán está personificado en Agustín Edwards y Álvaro Saieh, dueños de El Mercurio y La Tercera respectivamente, principales responsables de la falta de pluralismo y por consiguiente de que el café a la salida tenga gusto a derrota.

Algo de ese sabor le imprime Grossman. El abogado consigna los 200 periodistas que han muerto asesinados en los últimos tres años (ninguno en Chile, al menos), “son un grupo vulnerable como las mujeres o los niños en riesgo social” dice. Luego cita algunos casos emblemáticos: el fallo sobre la exhibición de La Última Tentación de Cristo en 2001, el caso de Humberto Palamara, que le ganó al Estado chileno el derecho a publicar un libro sobre la Armada, y Marcel Claude que en 2006 ganó al Estado una demanda por derecho a la información a través del Comité de Inversiones Extranjeras. El juicio de Baruch Ivner contra Perú al mando de Fujimori, quien le quitó un canal de televisión por destapar negocios sucios, o el general Felipe Rodríguez en Venezuela, encarcelado por difamación contra Hugo Chávez, cuyo gobierno es uno de los 9 países en la región que aún penaliza la difamación.

El amigo de LUN

Pero Grossman aporta nuevas perspectivas cuando dice que “lo que queremos es aumentar la crítica a las autoridades públicas, cuando se dicen cosas que chocan se abren más espacios de libertad”, y también confiesa su deseo de “Despenalizar todo el ámbito de la injuria y calumnia, y a cambio establecer responsabilidades ulteriores de carácter civil”.

Después de esta clase de jurisprudencia medio vanguardista que todos aplaudimos, es el turno de Carlos Peña, que muy en su estilo cita a Kant y John Stuart Mills, un pensador del siglo XIX, autor de “Sobre la Libertad”. El columnista queda al descubierto como un hippie con todo el tiempo para leer los clásicos de la literatura universal, debajo de un árbol. Según Peña, la libertad de expresión debería importarles a todos los que dicen luchar por la verdad: “si a uno le importa la verdad, tiene que dejar que todos opinen, porque sólo en medio de la competencia abierta de ideas, la verdad puede florecer y la mentira puede ser derrotada”.

El rector de la UDP compara a Viera Gallo con Federico II que censuró a Kant. “Si cada uno tiene el mismo derecho moral, usted me está ofendiendo al decir que entiende mejor que yo” parafraseó Peña. Hasta ahí todo bien, un poco de asceto balsámico a una discusión cargada siempre pimienta y lugares comunes.

Pero el rating de Peña descansa en su actitud de “outsider”. El abogado no tardó en crispar a la concurrencia cuando dentro de sus argumentos a favor de la libertad de expresión dijo: “el deber de los periodistas no es decir la verdad, sino no mentir deliberadamente y eso no significa abrazar la verdad a ultranza. De otra forma tendríamos santones incapaces de decir nada y no habría diarios sino anuarios con noticias verificadas hasta el último intersticio”. La afirmación tenía la certeza de que podría irritar al gremio lanzando la regla de que “el ejercicio del rigor periodístico consiste en verificar que la información sea plausible, no necesariamente verdadera”.

Lo peor vino después. El columnista lanzó que le gustaba el sistema de medios duopólico, porque “en el contexto chileno, elitista y endogámico, donde las decisiones se toman en el club de Golf y a la salida del colegio, entregar los medios masivos a la economía política de las audiencias y al mercado es extremadamente liberador”. En este punto Grossman se empieza a inquietar y pide a Montserrat Álvarez tiempo para intervenir.

“Yo sé que a ustedes que son cultos e ilustrados les molesta LUN pero a mi me parece espléndido, porque a través de la farándula se han puesto temas que de otra forma no estarían: un gay que salga en televisión sin ser motivo de repulsa, una jueza que se declare lesbiana, vecinos reclamando”. Chile, según él, sólo tiene dos alternativas: el mercado o la elite. Y “ya sabemos como piensan Viera Gallo y el Cardenal, los conservadores de derecha le temen a la modernización por encontrarla vulgar y preferirían ver History Channel, y los conservadores de izquierda también porque dicen que la modernización produce seres alienados”. Y para continuar el sacrilegio alaba al mercado usando a Marx: “el mercado disuelve todo lo sólido en el aire”, en nuestro caso la vieja elite y por si fuera poco, en dos décadas, usando la terminología marxista, “ha logrado cambiar las condiciones materiales de la existencia humana poniendo al alcance bienes simbólicos y materiales que antes sólo se veían a lo lejos”.

No estamos en Alemania

Claudio Grossman estaba ya inquieto con lo que en la cabeza de muchos era una blasfemia.Al fin tuvo su turno. El mercado es algo que se construye. La idea de que el público va determinando las cosas supone que el público no está afecto a la publicidad. Si alguien que corre en la mañana no puede vivir sin el aparato para oír música es porque alguien se lo vendió. Los medios tienen que ser regulados, en Holanda y Alemania existen asociaciones de consumidores que pagan una cuota por un espacio en televisión y pueden expresarse”.

“Pero no estamos en Alemania”, replica Peña, antes de ser estocado por Consuelo Saavedra, que apoyó el ejemplo de los adictos a la música para correr, y se quejó de la primacía de las noticias policiales y de la postergación de otras, por culpa del mercado.

Sin querer los “enojados” con Peña estaban cayendo en algo que Grossman dijo al principio: en Latinoamérica se hace un esfuerzo tremendo por acomodarse y comportarse como todos los demás, cuando en esencia, la libertad de significa ante todo cultivar la diferencia. Ser anti mercado a esta altura es más que todo corrección política, coincidir en las formas pero no en el fondo.

“Es probable que una persona que produce contenido simbólicos para las audiencias haga una tarea bastante digna, lo que pasa es que en Chile todos queremos ser intelectuales ilustrados. Además los periodistas siempre tienen una autoimagen que sienten que los medios no realizan”, espeta Peña a modo de provocación.

-No en todos los casos, replica el director de prensa del canal.

-Bueno, excluyamos a Jorge Cabezas entonces, contraataca el abogado.

Risas. Peña se va como el niño terrible que cuida a las masas, pero que a estas alturas es el mimado de la elite.

15 jul 2008

Lola

El obispo auxiliar de Santiago ha censurado fuertemente el aviso de publicidad de Canal 13 para su teleserie Lola, que muestra a un hombre embarazado...gigantescamente embarazado, para ser exactos.

1. Lola se trasmite desde septiembre de 2007. Su extraordinario éxito le ha permitido, en este lapso, liquidar a la teleserie rival del Canal 7, compensar el fracaso de otro producto del mismo 13, y conservar el aliento para batirse, todavía hoy, con una SEGUNDA teleserie del Siete, La viuda alegre.

Lola, pues, ha sido un impacto, un exitazo. De allí que el canal la haya extendido meses más allá de su plazo original.

Ahora bien, esta teleserie ha tenido siempre un único tema: un hombre que, por un hechizo, adquiere cuerpo de mujer; y como mujer/hombre, tiene una relación sexual, queda embarazada/o, y debe soportarlo... pero ya concluido el hechizo y en su cuerpo masculino.

Es decir, todo aquello que con justo motivo el obispo auxiliar de Santiago reprocha al aviso de publicidad incriminado está presente desde el principio en Lola: es su argumento central.

Tampoco Lola ha sido desarrollada ni publicitada con discreción ni buen gusto (suponiendo que hubiera sido posible una hazaña así), sino con trazos gruesos y de una vulgaridad como para llorar a gritos.

El episodio de debut «arrasó» —dijo “El Mercurio”, el 28 de septiembre de 2007— gracias a concluir “con Lola gritando por su masculinidad perdida”: “¡Se me cayó el pico!”. En el original argentino, adaptado por el Trece, Lola lamentaba la pérdida de su «pito». Cambiar el vocablo se «evaluó» por el canal chileno, y finalmente “las autoridades prefirieron la «naturalidad»...”. El jefe de guionistas explicó: “La historia (de Lola) presenta personajes ordinarios en situaciones extraordinarias...Y como todo personaje ordinario, tiene que hablar de acuerdo con la realidad”. “Ayer —concluía el periódico— Lola volvió a usar expresiones cotidianas: «¿Qué me hizo esa conch...?» dijo, cuando se dio cuenta de que era víctima de un hechizo”.

Así empezó Lola, y lo mismo ha sido durante diez meses: el aviso incriminado no es sustancialmente distinto de lo visto en la pantalla. Bien está que se critique ahora, pero.. .¿ y antes?

2. Como se ha hecho ver aquí tantas veces, el Canal 13 es 100% propiedad de la Universidad Católica, y ésta canónicamente es un órgano de la Iglesia y del Arzobispado de Santiago, y de nadie más. El arzobispo es la máxima autoridad del plantel, como Gran Canciller, y lo sigue en jerarquía el Vice Gran Canciller, otro obispo. Pero un profesor y ex decano de la universidad dice:

“La gente cree que el Canal 13 es un órgano de la Iglesia Católica. La verdad es que no lo es y no representa a la Iglesia Católica, aunque directamente es propiedad de la Iglesia”.

Esto resulta muy difícil de entender, ya que no es como dice el académico, sino justamente lo contrario. ¿Por qué el canal no representa a la Iglesia, si lo opera un ente íntegra y exclusivamente suyo, la Universidad Católica? ¿Quién, razonablemente —sin partir pelos canónicos en cuatro—, podría entenderlo de otra manera?

Una vez más se plantea —considerando el justo reproche del obispo auxiliar— el problema de fondo del Canal 13, que hemos repetido tanto:

a) No tiene sentido ninguna actividad educadora (Universidad Católica) ni comunicacional (Canal 13) de la Iglesia, que no difunda y, peor todavía, que contradiga el mensaje de ésta, que para los fieles es el de Cristo.

b) Es imposible, por razones de financiamiento, que la Iglesia tenga un canal comercial y abierto que cumpla la finalidad indicada, salvo que lo haga a pérdida, y por consiguiente lo subsidie de modo cuantioso.

Por eso, en las grandes batallas de doctrina que ha librado la Iglesia los últimos años —el divorcio, la píldora del día después, ayer, hoy su libertad para educar—, el Canal 13 no ha jugado el más mínimo papel. No era «rentable» (ni como espectáculo de TV, ni en avisaje) que lo hiciera. ¡Ni siquiera tiene un programa de alto nivel en que se enfrenten especialistas de distintas ideas, abordando estos temas de importancia capital, u otros parecidos!

La universidad, como tal, tampoco influye para nada en el Trece. Aplaudí en su momento el anuncio de una serie «bicentenaria» sobre los grandes personajes de nuestro pasado. Llegaron los episodios y —cualquiera haya sido su valor artístico—, históricamente eran nulos. Pues bien, la Universidad Católica cuenta con un muy prestigiado Instituto de Historia. ¿Qué papel jugó en la serie de los personajes? Ninguno.

Como canal comercial puro y simple, el Trece no es de peor ética que los otros; posiblemente, aún, sea algo más correcto.

Como canal católico, no es nada.
Sus «Lolas», sin embargo —que quizás pasarían desapercibidas en aquellos otros—, en una institución ciento por ciento de la Iglesia son motivo de escándalo y desprestigio que urge remediar. No es cosa de cambiar a Fulano por Zutano, ni de disminuir en los avisos el volumen del vientre del hombre/mujer embarazado. Tampoco, desgraciadamente, es razonable pedirle al Trece la cuadratura del círculo: que concuerde TODA su emisión, TODOS sus programas, con la doctrina y mensaje de vida de la Iglesia —estricto deber de un medio comunicacional que pertenece a ésta íntegramente—... pero autofinanciándose, en lucha frontal y darwiniana por el avisaje con los otros canales, que no tienen esa exigencia, ni (aparentemente) ninguna.
Las alternativas parecen seguir siendo las mismas de siempre: o los católicos, de alguna manera, subsidian a «su» canal para que también lo sea; o se cierra; o se vende.
Gonzalo Vial

10 jul 2008

El complejo momento de las teleseries más exitosas


Es irónico: las dos teleseries más exitosas son atacadas por personeros relacionados di­rec­tamente con las bases de cada canal. “Lola” del católico Canal 13, fue cuestionada por la Igle­sia y “El Señor de la Querencia”, del canal público TVN, por el Gobier­no.
Mientras el obispo auxiliar de Santiago, monseñor Fer­nan­do Chomalí criticó el “em­barazo de Lalo”, el ministro secretario general de la presidencia, José Antonio Viera Ga­llo, hizo lo propio con la violencia de la noc­turna.
Pero, a pesar de las críticas, la po­pularidad de ambas no ha­ce más que crecer: las dos promedian más de 20 ptos.
Ayer, fue Lorena Bosch (Lu­crecia), quien dio la cara por la nocturna. “El personaje de E­che­nique está siendo tratado constantemente como un en­fer­mo, sabemos que es un en­fermo y que está mal. Por lo tanto, no me pare­ce que estemos avalando la violen­cia”, dijo a radio Coope­rativa.
En tanto, dentro de TVN, la explicación es que “Es una ficción que no pretende ser una apología a la violencia”.
Por su par­te los fa­náti­cos han deja­do claro que la violencia no les molesta. Defienden la telese­rie en su página de Face­book y lo evidencian con el rating, que incluso en el crudo capítulo del martes (Echeni­que casi quema a Herminia), se elevó a 27 ptos.Lola está embarazada
En tanto, Canal 13 ya tomó acciones para evitar la polémica. Después de que monseñor Fernando Chomalí pidiera que se retirara el aviso de “Lalo” embarazado por no responder a la línea editorial del canal, desde ayer la campaña publicitaria cambió a Lalo por Lola. Ahora ella está embarazada.
En la estación dicen que esto estaba planeado desde antes. “Justo ayer (martes) terminó la campaña de alto impacto que duraba cinco días”, explicó una fuente y agregó que ahora co­mienza “la parte explicativa” de la publicidad, con Lola em­barazada.

El obispo Chomali rechaza el aviso del hombre embarazado

Autoridad eclesial pidió a UC-TV retirar tal propaganda y hacer la corrección a dicha programación por "producir confusión".



Su más tajante rechazo a la publicidad del "hombre embarazado" del Canal 13 de la Pontificia Universidad Católica de Chile para promover su teleserie "Lola" expresó ayer el obispo auxiliar del Arzobispado de Santiago, monseñor Fernando Chomali, quien pidió retirar el aviso, así como corregir dicha programación, por no responder a la línea editorial de una estación de TV católica y universitaria del país.

Afirmó que con la fotografía de un "hombre embarazado", al margen de las intenciones que haya detrás de la teleserie, "se hace un gran daño a la sociedad, a la familia, a los jóvenes y a la Iglesia, dado que produce confusión y rompe, a través del potente medio comunicacional de la imagen, con el corazón mismo de lo que la naturaleza nos dice con su maravilloso lenguaje: sólo las mujeres se embarazan".

Agregó que con el propósito de suscitar "rating" y acaparar la atención sobre la teleserie, sus autores ponen en seria dificultad la labor educativa de los padres, profesores, y de la misma Iglesia Católica, "al tergiversar de manera tan flagrante la realidad".

El obispo Chomali -especializado en materias ético-morales- manifestó que ante tal situación, "les pediría que no sólo retiren la propaganda, sino que además corrijan la teleserie, si con ella aumentan la confusión o la alimentan en un tema tan delicado como es la procreación, la maternidad y paternidad con sus tareas propias e insustituibles".

Afirmó que con esta actitud, el Canal 13 no responde a las líneas editoriales de un medio de comunicación católico y universitario, "ni a las exigencias éticas de la publicidad".

Explicó que esta postura y sus alcances responde a la inquietud de tantos padres preocupados por la buena formación de sus hijos, especialmente en lo relativo a la identidad sexual.

"Como obispo no puedo justificar una publicidad de este tipo, por ser contraproducente, innecesaria y éticamente cuestionable", sentenció.

Hay que recordar que el Cardenal Arzobispo de Santiago, Francisco Javier Errázuriz, es el Gran Canciller de la Universidad Católica de Chile, y el obispo auxiliar Andrés Arteaga, el Vicegrancanciller UC.

Defensor ético

El 7 de abril de 2006 el Papa Benedicto XVI nombró al sacerdote Fernando Chomali Obispo Auxiliar de Santiago, día en que celebró sus decimoquinto aniversario de su ordenación.

De 51 años, a este doctor en Teología e ingeniero civil UC le ha correspondido defender la posición de la Iglesia en temas controvertidos como la eutanasia y la píldora del día después, entre otros. Desde 1997 es profesor del Centro de Bioética de la Facultad de Medicina UC. Es además miembro titular de la Pontificia Academia para la Vida con sede en Roma.

Una historia controvertida

Canal 13, a través de su departamento de comunicaciones, se refirió a los comentarios que ha suscitado la campaña de "Lola", que muestra al actor Jorge Alberti embarazado: "La publicidad alude a cómo Lalo se imagina embarazado, pero nunca en la teleserie va a haber un cuerpo de hombre embarazado".

La estación explicó que ese spot es parte de una campaña que incluye otras piezas que podrán verse a partir de hoy, como la que muestra a Blanca Lewin (Lola) embarazada. Se agrega que el control editorial, tanto de la teleserie como de la publicidad asociada, está a cargo de diversos equipos de programación y marketing.

En los diez meses que lleva en pantalla "Lola", no ha estado exenta de polémicas. Incluso, su debut generó debate, porque mostraba al protagonista, Lalo (Jorge Alberti), gritando "¿dónde está mi pi...?" tras haber perdido la masculinidad por un hechizo. Canal 13 sigue liderando con su teleserie: promedia 19,6 puntos de rating frente a 16,1 de "Viuda alegre" (TVN).