Para la TV hemos diseñado en Chile un horario nocturno
PATRICIO DEL SOL (Ph.D.)
Presidente del Consejo de Canal 13
El regulador también debe cuidar el contenido después de las 22:00 horas porque muchos niños ven TV en ese horario.
Nadie discute que los niños no salen incólumes de la repetición de imágenes degradantes y que algunos contenidos hasta pueden llegar a dañar su salud. Por ejemplo, ha sido ampliamente comprobada la negativa consecuencia en ellos de productos audiovisuales con alto nivel de violencia y sexo explícito.
Ciertos grados y tipos de violencia televisiva generan insensibilidad ante la violencia real y enseñan a los niños a ser violentos. Y la exposición a sexo explícito genera en los niños comportamientos que reducen la capacidad posterior de disfrutar de una actividad sexual adulta en el contexto de una relación de pareja comprometida e integral.
En el cine, a los niños no se les permite ver algunas películas clasificadas para mayores, restricción que se implementa pidiendo una identificación en la entrada del recinto.
Para la TV hemos diseñado en Chile un horario nocturno, a partir de las 22:00 horas, en que los canales pueden emitir contenidos de adultos que podrían dañar a los niños. El problema es que no basta con especificar el horario para que automáticamente los niños no vean TV no apropiada para ellos. A veces no somos prácticos: hemos diseñado una solución no implementable.
No hay cómo asegurarse de que los niños no vean televisión después de las 22:00 horas. La televisión es un medio doméstico accesible a cualquier público, en particular infantil, a cualquier hora. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Televisión realizada este año por el Consejo Nacional de Televisión y Adimark, hay televisores en los dormitorios de los niños menores de seis años en el 19% de los hogares, porcentaje que sube a 30% cuando se trata de menores de 13 años.
Así, emisiones de los canales abiertos con contenidos sólo para adultos han estado dañando a nuestros niños. Creo que los costos sociales de emitir programas que dañan a los menores son mayores que los beneficios. En televisión la multiplicación de los canales y el zapping dificultan la contextualización de las situaciones complejas. Es difícil por tanto usar positivamente la violencia y el erotismo para ayudar a la audiencia a comprender más profundamente el mundo tal como es, con sus grandezas y miserias, como lo hacen las grandes películas.
La autorregulación es muy valiosa, pero no suficiente. Sin vulnerar los principios de libertad de expresión, el Consejo Nacional de Televisión tiene una responsabilidad ineludible como regulador, porque existe lo que los economistas llaman externalidades.
Si hay un horario nocturno que permite contenidos que dañan a los niños, el incentivo para los canales es usar la inteligibilidad inmediata de la violencia y el sexo para lograr alto rating. El último mes, por ejemplo, un programa sólo para adultos fue visto por casi dos millones de personas, un rating rara vez logrado en la TV chilena.
La externalidad ocurre porque los canales no pagan los costos sociales que estos contenidos generan, el aumento del crimen y el debilitamiento de la familia, entre otros. Tampoco los pagan muchos adultos que ven el programa. La regulación del contenido que daña la salud de los niños es vital. Muchos entendidos piensan que sin ella los canales que decidan marginarse unilateralmente de usar este tipo de contenido corren el riesgo de no ser financieramente viables.
Los padres están pidiendo ayuda. Es reveladora la opinión respecto de la TV abierta de los mil 577 encuestados -mayores de 26 años, de hogares con niños menores de 13 años, de todos los segmentos socio-económicos- de la encuesta nacional de televisión mencionada. De ellos, 97% opina que ésta debe estar sujeta a algún tipo de regulación, sólo 34% opina que hay horarios dentro del cual los canales deberían poder transmitir lo que quieran, 34% que debería haber una regulación estricta en todos los horarios, 19% que nunca debieran ser mostradas en televisión escenas de sexo y 28% que nunca debieran mostrarse escenas con alto niveles de violencia.
Después de las 22:00 horas, la TV puede hacer un aporte abordando complejidades de la vida adulta que aburran o no interesen a los niños. Sin embargo, como muchos niños sí ven TV en ese horario, el regulador debe prohibir también en ese espacio los contenidos que todos estamos de acuerdo que los dañan.