Mostrando entradas con la etiqueta Critica. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Critica. Mostrar todas las entradas

29 mar 2009

“Administran TVN como una fábrica de salchichas”

Faride Zerán Chelech, ex consejera del canal público
El terremoto de la salida de Vicente Sabatini y Pablo Ávila destapó las angustias que vive el canal de todos. A medio filo entre el éxito del mercado y la misión de hacer televisión pública, los últimos fracasos en la batalla del rating han llevado a la estación a la cola del pelotón. Pero la académica y Premio Nacional de Periodismo exculpa a los profesionales echados y apunta al modelo y al gatopardismo.

Explicados como "cambios organizacionales" en el lenguaje corporativo de la estación, la remoción de sus cargos de tres altos ejecutivos de Televisión Nacional Vicente Sabatini, director de Programación; Pablo Ávila, director de Producción de Contenidos; y de Cecilia Stoltze, gerente de Planificación son uno de los más resonantes golpes de timón que se han dado en la estación durante los casi cinco años de gestión del actual director ejecutivo, Daniel Fernández.

Sabatini y Ávila eran dos de los hombres fuertes, poderosos y temidos, con una larga carrera en la estación y que habían sido cabezas pensantes de la estrategia de TVN en un tiempo en el que la imaginería colectiva sigue situando a TVN en la cabeza de las preferencias populares, pero que en la puerca realidad de los indicadores de audiencia lo llevan a la cola: el canal comenzó el año en el cuarto lugar en el promedio de sintonía mensual, superado por competidores que hace algunos años apenas aspiraban a mirarle de cerca las espaldas.

Para reflexionar sobre esta crisis que lacera el alma de TVN, y que la tentación exitista de la sociedad del rendimiento reduce a simples números, consultamos a Faride Zerán, la periodista que entre 2000 y 2004, como parte del directorio de la estación, se transformó en un dolor de cabeza para los intentos de imponer en el canal los dictados de lo políticamente correcto.

Premio Nacional de Periodismo en 2007 y académica de la Universidad de Chile donde dirige el Instituto de la Comunicación e Imagen y dicta la cátedra de Ética y Tratamientos Periodísticos Zerán quien acaba de publicar su último libro, "Las cartas sobre la mesa", una selección de 40 entrevistas publicadas en la revista "Rocinante", que ella misma fundó y dirigió apunta su mirada a lo que considera un extravío en la misión de la televisión pública.

-¿Qué lecturas te sugieren la salida de Sabatini y Ávila? ¿Crees que efectivamente se trata de la mayor crisis que ha sufrido TVN en muchos años?

-No es un tema de nombres, sino de líneas, de políticas y de contenido de la televisión pública. Sabatini y Ávila pueden ser excelentes profesionales, pero el punto es que son parte de un sistema que administra la televisión pública como si fuera una fábrica salchichas, donde las utilidades y el rating mandan. Entonces, cuando bajan las utilidades y el rating, bajan también las acciones de algunos profesionales, en una dinámica en la que no se cuestiona el modelo de televisión pública ni se intenta innovar en nuevos formatos, en nuevos lenguajes y en otros contenidos.

-¿Cuál es tu interpretación de estos cambios?

-No quiero referirme específicamente a estos profesionales, sino al tipo de televisión que tenemos. El hecho de que cambien los equipos pero se mantengan las políticas te indica que es irrelevante quién esté, o quien reemplace a quien.

-TVN está en su peor momento de audiencias, ocupando el cuarto puesto entre los canales de televisión abierta. ¿Crees que estas mediciones deben ser consideradas válidas para el canal público?

-Si TVN cumpliera efectivamente con su rol, aún asumiendo que debe autofinanciarse, e intentara innovar en su parrilla con programas culturales, de debate, o de entretención que no tienen por qué estar divorciados del gusto popular, porque lo popular no tiene por qué ser ramplón y chabacano; si TVN abriera su pantalla a la producción de los talentos jóvenes que están agrupados en la plataforma audiovisual, si se abriera a la búsqueda de nuevos formatos, lenguajes y temas, y no reiterara una vocación más bien copiona, el estar en cuarto lugar podría ser un dato irrelevante. El problema es que cae al cuarto lugar haciendo la misma televisión que los otros, sin imaginación y sin riesgos, y dejando de lado su mandato de televisión pública. Es decir, no cumple su misión y además lo hace mal.

-¿Dónde, en qué momento, se jodió la TV publica? ¿Qué decisiones políticas llevaron a TVN a esta situación?

-La televisión pública se jodió cuando su directorio se transformó en una instancia de defensa de intereses y cuoteos políticos; cuando dejó de lado su mandato de fortalecer el espacio público con programas culturales, de debate abierto, plural, sin censuras a temas ni vetos a personas ni a ideas. Se jodió cuando se empezaron a cronometrar y a cuotear los discursos e ideas dentro de un espectro estrecho, que no daba cuenta de nuestra pluralidad, diversidad y riqueza cultural. Cuando abandonaron el riesgo por la sandía calada, es decir programas ya probados, muchos de dudosa calidad.

-¿Cuál ha sido tu participación en las discusiones sobre el nuevo proyecto de TVN?

-Como directora del Instituto de Comunicación e Imagen de la Universidad de Chile (ICEI), que incluye a la Escuela de Periodismo y la carrera de Cine y Televisión, fui invitada junto a Claudia Lagos, una joven académica, a la Comisión de Ciencia y Tecnología de la Cámara de Diputados, para hablar tanto sobre la modificación a la Ley de Televisión Nacional, como sobre la televisión digital, tema que expuso Claudia en su calidad de coordinadora del Programa de Libertad de Expresión del ICEI.

-¿Qué corrigen en forma positiva y en qué empeoran las propuestas que se están discutiendo?

-Uno de los cambios planteados en ese proyecto era subir de 6 a 8 el número de integrantes del directorio, y en tal sentido manifesté que era interesante siempre y cuando ese directorio no fuera la expresión de un cuoteo político, sino de la diversidad y pluralismo cultural de nuestra sociedad, incorporando por ejemplo la dimensión regional, la presencia de representantes de nuestros pueblos originarios, de rectores de universidades públicas, de representantes de la industria cultural, etcétera. Ese punto, sobre lo que había aparente consenso, fue rechazado posteriormente, lo que me indica que seguimos en la política del gatopardismo, que todo cambie para que todo siga igual.

-¿Hay alguna idea que modifique efectivamente el sentido actual de la televisión pública?

-Otro cambio estaba en la misión de TVN, donde se ratificaba en el fondo lo que ya está. Allí expresé que TVN, en tanto televisión pública, debía jugar un rol más proactivo en la construcción de una cultura democrática, de una cultura cívica; que la ausencia de debates y de programas culturales indicaban lo contrario, pero seguimos igual.

-O sea, en la vieja política de hacer cambios cosméticos que no modifican la estructura de cuoteo.

-Creo que la metáfora del gatopardismo es justa, más cuando los propios directivos de TVN que fueron a la comisión defendieron que el canal se autofinanciara, y otros modelos de televisión pública como el de la BBC, por citar un ejemplo, no fueron considerados. Pienso que estamos viviendo un momento complejo en materia de clima cultural, debate de ideas, reflexión de país.

-Siguiendo con las metáforas, ¿se podría decir que tenemos una televisión coludida para ofrecer los mismos contenidos con distintas marcas de fantasía?

-Todos nos escandalizamos con la colusión de las tres grandes cadenas de farmacias, que afecta la salud y traiciona la confianza de millones de chilenas y chilenos. Pero nada decimos sobre la colusión ideológica e informativa de los grandes medios de comunicación, que mantienen las pautas noticiosas, recurren a las mismas fuentes oficiales haciendo circular los mismos discursos y dejan fuera la pluralidad y riqueza política, social y cultural de nuestro país. Quiero decir que en materia de monopolios no son sólo las farmacias las que se ponen de acuerdo. Lo que afecta ya no sólo a la salud de nuestra población, sino al alma del país.


Por Juan Sharpe

23 oct 2008

TVN Propiedad del Estado

CANAL DEL ESTADO.
Ayer caí casualmente en el Canal 7 o «Nacional», propiedad del Estado, y anunciaba para la noche un programa completo sobre un hijo violador de su madre.

Me entretuve recordando las últimas iniciativas del mismo canal que han provocado «impacto»:

-La teleserie sobre un terrateniente del siglo que pasó, explotador y (¡otra vez!) violador. Tema viejo y resobado, pero que han podido tratar con dignidad la novela (Gran Señor y Rajadiablos, de Eduardo Barrios... hace sesenta años justos) y el cine (Julio comienza en Julio... hace treinta).

De la teleserie del 7, como de cualquier teleserie, nada era rescatable, salvo quizás la filmación. «Argumento» de radioteatro de los años 40.

Personajes planos e inverosímiles, de sentimientos huachacas y diálogos ridículos. Música, o sentimentaloide o efectista.

Actuación... ¿qué actuación cabe, con los elementos anteriores, y teniendo además que cerrar cada libreto diario alguna truculencia que deje a su protagonista en foto fija y con una mirada de espanto?

Y por fin —es el Estado el que nos entretiene— sexo, mucho sexo explícito y ahora además brutal, y una violencia récord: siete personajes muertos a mano armada en el último capítulo.

-La «elección» del «mejor chileno», ganada estrechamente por Salvador Allende sobre Arturo Prat. No ha sido esto lo importante. De ser inverso el resultado, los vicios de la «elección» hubieran sido exactamente los mismos.

A saber: la ninguna seriedad del programa —copiado de un modelo extranjero, por supuesto... NINGUN «éxito» de nuestra TV deja de ser copia—; la forma irregular y manipulable de la selección de los candidatos, y de las votaciones; y —sobre todo— el nivel no primario, sino parvulario, de la presentación, defensa y crítica de las distintas postulaciones. Tan bajo, que en un desayuno con los participantes el Canal les sugirió mediante un memo los «cargos» contra los respectivos candidatos, alrededor de los cuales giraría el debate de TV. Y así se discutiría si Allende era ebrio y «ñoña» la poesía de Gabriela Mistral; si el heroísmo de Prat fue un montaje propagandístico, etc.

Es cierto que algunos de los presentadores de candidaturas superaron (no era difícil) el nivel propuesto por Canal 7, pero no pudieron alterar la disparatada estructura global del programa. De este modo, se convirtió en una chacota lo que hubiese podido ser un análisis serio y pluralista, sin «competencia» ni farándula, de quiénes han sido los mejores chilenos. Algo propio del Bicentenario y del canal que dice ser de todos nosotros.


De estos recuerdos inmediatos pasé al de otros «impactos» anteriores del mismo canal: una cárcel de mujeres, donde todas las presas y las gendarmes eran sádicas, o lesbianas, o ambas cosas... un señor que cortaba en pedazos a la gente con una motosierra... unos caballeros y damas de «treinta» (años) que se acostaban indiscriminadamente unos con otros, hasta que se agotaron los cruces posibles y terminó la serie...

¿Quién se acuerda de nada de esto?

¿Quién se acordará mañana del «mejor chileno» y del perverso hacendado?

¿Qué valor social, cultural o aun de entretención razonable han tenido tantos esperpentos?


Al obvio daño de formación que ellos producen en niños y adolescentes el Canal responde, muy serio, que transmite sus engendros en horario de adultos, siendo de responsabilidad paterna que —a esa hora— no los vean los menores de edad. ¿Nos hemos detenido a sopesar la insensatez de este argumento? «Reparto cocaína gratis —dirá mañana el Estado—, pero sólo en la calle y después de las diez de la noche. Si la reciben menores, culpa es de los padres por no tenerlos acostados en su casa».


El Canal se jacta, también, de sus transmisiones culturales. Son mínimas y, salvo honrosas pero pocas y espaciadas excepciones —los programas del cineasta Ruiz, por ejemplo—, irrelevantes. Viajes exóticos con comentarios superficiales, o programas «envasados» de las mismas características, y una preferencia por el escándalo y (sorprendentemente) por la irreligiosidad anticatólica.


¿Noticiarios?

Los mismos de los otros canales: política menuda, crímenes y en general violencia, fútbol y un paupérrimo servicio exterior.


Hay que repetir la reflexión de siempre. La culpa de todo lo que precede no la tienen quienes producen el Canal 7. Se les exige autofinanciarse, y para ello tienen que ser comerciales, ganar avisos, obtener el «rating» que atrae éstos. Para lo cual hacen lo que hacen todos, en todo el mundo: TV/chatarra.

La pregunta, entonces, es otra: ¿para qué necesita el Estado de Chile hacer TV/chatarra?

La obvia respuesta: para nada.

Y la conclusión, la de siempre: si el Estado de Chile requiere (lo que es muy discutible) una TV propia, «pública», «nacional», auténticamente cultural, etc., ésta no puede ser a la vez TV comercial: debe ser subsidiada.

O subsidiarla, o venderla y gastar la plata en algo útil.

¿Intervención o Autorregulación?

Con el colapso del sistema financiero el tema de las regulaciones vuelve al tapete. Como suele ocurrir con la historia, ahora el péndulo parece dirigirse al lado contrario: a la intervención estatal. George Soros, el gurú de las altas finanzas, afirma que “los gobiernos tienen que reconocer que los mercados no se corrigen por sí solos”.

Vale decir, que falló la autorregulación. Más allá de la tragedia que esto implica (la cuenta del despilfarro la tendremos que pagar todos), es posible sacar alguna lección para la economía real. Pienso en el tema de las regulaciones en el mercado de la televisión.

En esta industria, cuando se pierde la capacidad de autorregularse —buscando rating y éxito fácil—, se impone la ley del garrote, ejercida por el Consejo Nacional de Televisión. No obstante, el CNTV prefiere amonestar antes que sancionar. Nuestro sistema televisivo se basa más bien en la autorregulación. Sin embargo, no siempre es así.

El gobierno ha anunciado que dentro de las próximas semanas se enviará al Parlamento una nueva ley para “mejorar” el funcionamiento de TVN. Es cierto que la introducción de la era digital plantea nuevos desafíos y dilemas al marco legal que la regula desde 1992. No obstante, también podemos constatar que detrás de esta nueva ley la clase política está empecinada en pasarle la cuenta. Ha habido un descontento creciente y transversal con su desempeño como canal público.

Esta molestia tiene su fundamento. Algunos ejecutivos de TVN a veces olvidan la misión que debe cumplir como canal público del Estado. Quizá la crítica más relevante es que perdió su centro de gravedad: que su programación es uniforme, no tiene diversidad de contenidos y formatos; que ha sido incapaz de diferenciarse de la competencia privada; que no tiene identidad propia que le permita liderar la industria. Incluso, el secretario general de la Presidencia sostuvo en la inauguración del último seminario internacional convocado por el CNTV que, de no corregirse el modelo, él sería el primero en estar dispuesto a su privatización:

¿Cuál es el objeto de mantener un canal de propiedad del Estado si no es capaz de representar la diversidad de gustos y demandas que el pluralismo del país exige?

El modelo actual de TVN está basado en tres pilares.

Primero, se le exige ser un canal pluralista, de servicio público, que represente la diversidad social y cultural; que tenga audiencias masivas y llegue a todos los chilenos.

En segundo lugar, debe ser una empresa pública, independiente del gobierno y los poderes “fácticos”.

Tercero, para garantizar esta autonomía, el gobierno está inhabilitado para subsidiar su gestión. Debe autofinanciarse, ser una empresa competitiva dentro del mercado, con todos los derechos y deberes de una empresa privada.

Para que esta estructura no se derrumbe, hay que equilibrar muy bien estos tres pilares, los cuales implican intereses diferentes, que a veces se contraponen. En este punto, la autorregulación es fundamental; especialmente, si no existe un accountability público, que supervise la gestión del gobierno corporativo de TVN.

Aun más, conjugar estos tres principios no es tarea fácil, sobre todo cuando existe una competencia desatada. A modo de ejemplo: el desafío de tener costos bajos sin afectar la calidad requiere de una política de autorregulación especialmente sensitiva. Si por el contrario, se postergan la misión pública, la calidad y la diversidad de los contenidos, para mostrar una gestión económica exitosa a fin de año, el equilibrio se rompe. Cuando esto ocurre, suele abrirse el camino para que el bisturí sea remplazado por el hacha. Posiblemente estamos ad portas de ello.

El directorio de TVN no deja de tener una cuota alta de responsabilidad, pues precisamente su función es exigir accountability a la administración, con el objeto de velar por el cumplimiento de la misión y la línea editorial.

La autorregulación debe ser considerada como un bien de gran valor, que además está en cuestión. Por consiguiente, se le debe cuidar con ahínco; los actores de los diversos mercados deben actuar sin arrogancia, con mucha responsabilidad social y conciencia. De otro modo, se deja la puerta abierta para que la intervención y los excesos de regulación sean necesarios y justificables. Cosa nada positiva, a lo menos dentro de la televisión.
Así de simple es la lección que podemos sacar de la crisis actual.


Altamirano, Juan Carlos

14 oct 2008

Canal 13 Sigue Cruzada por Instalar Poder Católico

Luego de 36 años ligado a UC-TV Ricardo de La Fuente abandona casa televisiva

Hace dos años era uno de los hombres más importantes de la estación católica. Hoy ya no está. El ahora ex ejecutivo presentó su renuncia que se enmarca dentro de varios cambios que en el último tiempo ha tomado la dirigencia de UC-TV.

En 1987 De la Fuente fue uno de los responsables de la visita de Juan Pablo II a Chile.

En el seminario internacional sobre regulaciones a la televisión realizado hace algunos días en el Hotel Radisson, Ricardo de la Fuente se veía contento. En los pasillos bromeaba con el presidente del Consejo Nacional de Televisión (CNTV) y le comentaba al periodista Felipe Pozo lo cómoda que era su función de gerente de regiones, puesto en el que se desempeñaba en Canal 13.

"Es muy agradable, se trabaja sin presiones", decía sonriente. Cuando se retiró, los comensales que se quedaron en el café hablaron de la buena voz que tenía el ejecutivo y recordaron su faceta de compositor y de ganador del Festival de la Canción de Viña del Mar en 1981 con la canción "Ay, Fernanda".

Sonrisas y corte.

Hasta ese minuto De la Fuente tuvo una carrera prolífica y dúctil en la estación católica, desempeñándose como director de televisión, gerente de producción, gerente de eventos especiales y director general del mismo Festival de la Canción de Viña del Mar. Antes incluso fue uno de los principales gestores de la televisión educativa, siendo Teleduc uno de sus productos insignes.

Pero ahora habían pasado muchos años, y pese a haber sido uno de los poderosos de la estación, parecía necesitar menos de esa presión agobiante por lo que el tema regional le venía como anillo al dedo. Sin embargo, ayer otro remezón sacudió las paredes de UC-TV. De la Fuente presentó su renuncia.

"SOY UN HOMBRE RESERVADO"

Un quiebre que ratifica que la dirección de Canal 13 está mutando a consolidar una nueva identidad, necesariamente adoctrinada con la Iglesia. Y más allá de las bendiciones y agradecimientos por los años de servicio del comunicado de trece líneas que redactó la estación, hay preguntas sin respuesta. ¿Dónde no encajaba De la Fuente? ¿Cuál es la interna de esta salida?

Ricardo de la Fuente contesta el teléfono. "La verdad es que soy un hombre reservado, y prefiero mantenerme así. Las condiciones de mi salida son privadas y no voy a decirlas y el canal tampoco", explica. Pero también dice que está de acuerdo con el comunicado interno que redactó "junto" al canal católico. Aclara eso sí que "no hubo presiones" para salir, primero, del Festival de Viña del Mar. "Después de 6 años me pareció prudente". Y luego de 36 años de gestión, en distintas áreas, de su casa televisiva.

Según una fuente que trabajaba directamente con el gerente de regiones, los elementos que determinaron su partida se fueron dando de a poco. Sin embargo, hace dos semanas que la situación parecía reventar por el lado del ejecutivo. "No tenía planificada su renuncia. Pero le fueron imponiendo condiciones", dice. Una de ellas fue, por ejemplo que luego de ser el encargado de tomar las decisiones eclesiásticas, le hicieron tomar vacaciones antes del Tedéum. Esas decisiones pasaron a manos de María Ester Robledo (actual editora de contenidos de la estación). La imposición (incluso expuesta en una misiva hacia sus funcionarios que ejemplificaban el cambio editorial) no cayó bien.

En concreto el consejo de la estación ha tomado un mayor protagonismo, pero sobre todo se ha producido un acercamiento a la Universidad y a la Iglesia. La tendencia editorial quiere recuperar los valores católicos. Por eso, uno de los motivos de que el presidente del consejo, Pablo del Sol tenga su oficina en el cuarto piso, muy cerca a la de Vasco Moulian, aunque no tanto como la de Mercedes Ducci, que está exactamente al lado del director de programación.

Los que no están muy de acuerdo con ese cambio editorial han salido. Ayer, el equipo que trabajó con De la Fuente fue despedido por completo, mientras él se dedicará a la docencia como profesor de TV y decano de la Facultad de Comunicaciones, no en la Universidad Católica, sino que en una entidad privada.


5 oct 2008

Cartas al Director

Dado el nivel de nuestra actual televisión, que se esfuerza en priorizar la cultura y la creatividad, me permito sugerirles a los directivos de sus canales algunos temas para producir en esta temporada:

1. Prostitución a domicilio. Ahora con pago de cualquier tipo de tarjetas de crédito.

2. Moteles, con exclusivas cámaras ocultas.

3. Pederastas, con imágenes impactantes de este comercio.

4. Damas de compañía para ejecutivos. Una nueva industria.

5. El sexo simulado en lobbys de hoteles cinco estrellas.

6. Homosexualidad de camioneros. Lugares que ocupan.

Esto por el momento. Espero que este modesto aporte signifique un crecimiento importante de sintonía.

JAIME CELEDÓN



La TV se mueve por la lógica del mercado y también está sufriendo una crisis, asimilable a la subprime. En este caso, en vez de hipotecas, se trata de contenido audiovisual.

Al igual que para los bancos los negocios serios y sustentables ya no resultaban suficientes para satisfacer sus necesidades de lucro e inventaron, por lo tanto, las hipotecas subprime y los consecuentes bonos basura; a la TV ya no le renta vender contenidos constructivos, educativos e informativos. Para ser más preciso, no es que no le rente: simplemente nadie los compra, o mejor dicho, nadie los auspicia.

Por lo tanto, para captar auspiciadores, hay que ofrecer basura. Auspiciadores nunca faltarán.

La crisis económica traerá —más para bien que para mal— regulación, entendida como claras reglas del juego, o sea, un rayado de cancha más preciso.

El problema, para el caso específico de la TV, es que de la regulación a la censura hay un corto trecho.

Alberto Mayer Ueberrhein

2 oct 2008

Para la TV hemos diseñado en Chile un horario nocturno

Hacia una TV que no dañe a nuestros niños

PATRICIO DEL SOL (Ph.D.)
Presidente del Consejo de Canal 13

El regulador también debe cuidar el contenido después de las 22:00 horas porque muchos niños ven TV en ese horario.

Nadie discute que los niños no salen incólumes de la repetición de imágenes degradantes y que algunos contenidos hasta pueden llegar a dañar su salud. Por ejemplo, ha sido ampliamente comprobada la negativa consecuencia en ellos de productos audiovisuales con alto nivel de violencia y sexo explícito.

Ciertos grados y tipos de violencia televisiva generan insensibilidad ante la violencia real y enseñan a los niños a ser violentos. Y la exposición a sexo explícito genera en los niños comportamientos que reducen la capacidad posterior de disfrutar de una actividad sexual adulta en el contexto de una relación de pareja comprometida e integral.

En el cine, a los niños no se les permite ver algunas películas clasificadas para mayores, restricción que se implementa pidiendo una identificación en la entrada del recinto.

Para la TV hemos diseñado en Chile un horario nocturno, a partir de las 22:00 horas, en que los canales pueden emitir contenidos de adultos que podrían dañar a los niños. El problema es que no basta con especificar el horario para que automáticamente los niños no vean TV no apropiada para ellos. A veces no somos prácticos: hemos diseñado una solución no implementable.

No hay cómo asegurarse de que los niños no vean televisión después de las 22:00 horas. La televisión es un medio doméstico accesible a cualquier público, en particular infantil, a cualquier hora. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Televisión realizada este año por el Consejo Nacional de Televisión y Adimark, hay televisores en los dormitorios de los niños menores de seis años en el 19% de los hogares, porcentaje que sube a 30% cuando se trata de menores de 13 años.

Así, emisiones de los canales abiertos con contenidos sólo para adultos han estado dañando a nuestros niños. Creo que los costos sociales de emitir programas que dañan a los menores son mayores que los beneficios. En televisión la multiplicación de los canales y el zapping dificultan la contextualización de las situaciones complejas. Es difícil por tanto usar positivamente la violencia y el erotismo para ayudar a la audiencia a comprender más profundamente el mundo tal como es, con sus grandezas y miserias, como lo hacen las grandes películas.

La autorregulación es muy valiosa, pero no suficiente. Sin vulnerar los principios de libertad de expresión, el Consejo Nacional de Televisión tiene una responsabilidad ineludible como regulador, porque existe lo que los economistas llaman externalidades.

Si hay un horario nocturno que permite contenidos que dañan a los niños, el incentivo para los canales es usar la inteligibilidad inmediata de la violencia y el sexo para lograr alto rating. El último mes, por ejemplo, un programa sólo para adultos fue visto por casi dos millones de personas, un rating rara vez logrado en la TV chilena.

La externalidad ocurre porque los canales no pagan los costos sociales que estos contenidos generan, el aumento del crimen y el debilitamiento de la familia, entre otros. Tampoco los pagan muchos adultos que ven el programa. La regulación del contenido que daña la salud de los niños es vital. Muchos entendidos piensan que sin ella los canales que decidan marginarse unilateralmente de usar este tipo de contenido corren el riesgo de no ser financieramente viables.

Los padres están pidiendo ayuda. Es reveladora la opinión respecto de la TV abierta de los mil 577 encuestados -mayores de 26 años, de hogares con niños menores de 13 años, de todos los segmentos socio-económicos- de la encuesta nacional de televisión mencionada. De ellos, 97% opina que ésta debe estar sujeta a algún tipo de regulación, sólo 34% opina que hay horarios dentro del cual los canales deberían poder transmitir lo que quieran, 34% que debería haber una regulación estricta en todos los horarios, 19% que nunca debieran ser mostradas en televisión escenas de sexo y 28% que nunca debieran mostrarse escenas con alto niveles de violencia.

Después de las 22:00 horas, la TV puede hacer un aporte abordando complejidades de la vida adulta que aburran o no interesen a los niños. Sin embargo, como muchos niños sí ven TV en ese horario, el regulador debe prohibir también en ese espacio los contenidos que todos estamos de acuerdo que los dañan.

25 ago 2008

La Eterna Disyuntiva de Canal 13

Nuevamente Canal 13 intenta corregir su rumbo. Esta vez le corresponde a Patricio del Sol, presidente de Consejo, entregar los nuevos lineamientos que regirán a UC-TV. Sin embargo, en este proyecto no hay nada nuevo bajo el sol. Desde el fallecimiento de don Eliodoro Rodríguez en 1998, los sucesivos directores ejecutivos han planteado los mismos objetivos. Si bien los términos y lenguaje han ido cambiando, en lo sustantivo se mantiene el mismo discurso.

Por cierto, todos los directores han reafirmado la misión y la línea editorial: promover y ser más coherentes con los valores de la Iglesia Católica. También, todos los directores se han propuesto establecer una relación más estrecha y fluida con la universidad. El objetivo siempre ha sido que ésta juegue un papel más activo, tanto en el desarrollo estratégico como en la supervisión del canal.


Cada nueva administración se ha propuesto restablecer las confianzas y el espíritu de equipo. Todas han buscado, por diferentes caminos, crear el liderazgo que tanto se echa de menos. Y, dada la caída de los ingresos, cada nuevo director se ha planteado revertir la situación y transformar nuevamente al 13 en una empresa rentable. Todos se han propuesto tener una programación masiva —que obtenga buenos rating, pero sin sacrificar la línea editorial— junto con desarrollar programas de calidad. Han contado con múltiples asesores para conseguir estos objetivos, han aplicado diversas reingenierías intentando introducir los últimos modelos de gestión, además de recoger la experiencia de grandes cadenas internacionales, como la BBC, etc.


A pesar de estos esfuerzos y buenas intenciones, el hecho concreto es que Canal 13 no ha logrado superar sus estados continuos de crisis. Sería injusto no reconocer que cada administración ha realizado cambios, unos más relevantes que otros. La actual resalta las utilidades conseguidas el año pasado después de varios años en rojo. No obstante, todos los canales tuvieron resultados positivos, y lo normal es que toda empresa aspire a lo menos a autofinanciarse. La triste verdad es que Canal 13 ocupa el tercer lugar en los rating y está muy lejos de tener una programación de calidad. No está conectándose bien con las audiencias, y eso es grave, pues, entonces difícilmente podrá cumplir con su misión.


El tema de fondo, a mi juicio, es que no se ha podido resolver una contradicción vital: ser un canal de televisión universitario, con una misión católica, que a su vez debe ser comercial, con vocación masiva y popular. Esta dicotomía se ha expresado a través del tiempo. Para poner un ejemplo actual, la telenovela «Lola» ha sido alargada más de una vez por razones comerciales. Sin embargo, pocas veces se ha visto un contenido que transgreda tan profundamente los valores que promueve la Iglesia. El tema de una mujer atrapada en el cuerpo de un hombre no es tan inocuo como parece. Cuando los niños ven a diario y durante meses a un personaje que cambia de género una y otra vez, terminan por naturalizar en sus mentes esta ambivalencia sexual. Al punto, de que Lola/Lalo se ha convertido en un personaje bastante patética/patético. Dado que esta ambigüedad sexual es asumida por la historia en forma natural, desde el punto de vista de la Iglesia estamos frente a una de sus peores pesadillas: el relativismo moral. Aun más, aparentemente este tema no ha molestado a la universidad. En cambio, sí condenó una publicidad en que el personaje principal aparece embarazado. ¿Quién entiende?


El tema de fondo es que contenidos como “Lola”, al igual que otras representaciones que cuestionan la línea editorial de Canal 13, deben ser incluidos en su programación, pues de otra forma quedaría sin rating y desfinanciado. Sin embargo, la actual administración pretende reforzar el control editorial con el objeto de ser más consecuente con la moral que defiende la Iglesia. Me temo que esta vieja estrategia terminará siendo un búmeran, como suele ocurrir con este tipo de medidas.


La verdad es que la televisión abierta y comercial es un animal indomable. Los telespectadores y el mercado terminan siempre teniendo la última palabra. O bien, como dice la Biblia, no se puede servir al mismo tiempo a Dios y al dinero. No al menos con la estructura presente que tiene UC-TV.
Quizá lo más sabio sería seguir el ejemplo de la Universidad de Chile: vender o arrendar la concesión.

7 ago 2008

Discutiendo sobre libertad de expresión en TVN


Satanás y el Mercado

Dos académicos y una audiencia ilustrada discuten sobre contenidos, medios, noticias y derechos de los periodistas. Al principio, el asunto tiene olor a lugares comunes y jurisprudencia de vanguardia. Todo bien, hasta que Carlos Peña empezó a blasfemar.

Por Felipe Saleh

Son casi las 9 de la mañana. En el patio techado que está al lado del auditorio de TVN los mozos no se cansan de ofrecer jugos, sandwiches y pasteles. A todas luces fue un error tomar desayuno antes de salir. No hay mucha gente. Los de siempre para lo que parece ser el clásico seminario sobre la libertad de expresión. Jorge Cabezas, el jefe de prensa del canal, Eliana Rozas, ex directora ejecutiva de Canal 13 y que prepara el estreno de CNN Chile, El director ejecutivo de TVN Daniel Fernández (que se ocupa la mañana en estas cosas en vez de hablar sobre el precio del petróleo en el noticiero), el presidente del directorio Mario Papi, que luce un extraño pero discreto parche en su cuello, Montserrat Álvarez que moderará la conversación y Paola Doberti, gerente de marketing, contemporánea de Camiroaga en Extrajovenes pero que no ha envejecido tan lentamente como él. Más Algunos estudiantes, periodistas dispersos, académicos, fotógrafos y los expositores que se dejan acribillar por los flashes, dando por un segundo la idea de que esto puede ser el lanzamiento de la próxima teleserie.

El estelar es Claudio Grossman, decano de una escuela de leyes en Washington (American University College of Law ), ex presidente de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y, como sabremos luego un abogado con amplia experiencia internacional que domina el holandés, entre otros idiomas. Lo acompaña Carlos Peña, rector de la Universidad Diego Portales y en el último tiempo dueño de la única página de El Mercurio que se abre con cierta expectación.

Hasta el momento, cóctel incluido, los “Desafíos sobre la libertad de expresión” parece otra conferencia sobre este tema, donde Satán está personificado en Agustín Edwards y Álvaro Saieh, dueños de El Mercurio y La Tercera respectivamente, principales responsables de la falta de pluralismo y por consiguiente de que el café a la salida tenga gusto a derrota.

Algo de ese sabor le imprime Grossman. El abogado consigna los 200 periodistas que han muerto asesinados en los últimos tres años (ninguno en Chile, al menos), “son un grupo vulnerable como las mujeres o los niños en riesgo social” dice. Luego cita algunos casos emblemáticos: el fallo sobre la exhibición de La Última Tentación de Cristo en 2001, el caso de Humberto Palamara, que le ganó al Estado chileno el derecho a publicar un libro sobre la Armada, y Marcel Claude que en 2006 ganó al Estado una demanda por derecho a la información a través del Comité de Inversiones Extranjeras. El juicio de Baruch Ivner contra Perú al mando de Fujimori, quien le quitó un canal de televisión por destapar negocios sucios, o el general Felipe Rodríguez en Venezuela, encarcelado por difamación contra Hugo Chávez, cuyo gobierno es uno de los 9 países en la región que aún penaliza la difamación.

El amigo de LUN

Pero Grossman aporta nuevas perspectivas cuando dice que “lo que queremos es aumentar la crítica a las autoridades públicas, cuando se dicen cosas que chocan se abren más espacios de libertad”, y también confiesa su deseo de “Despenalizar todo el ámbito de la injuria y calumnia, y a cambio establecer responsabilidades ulteriores de carácter civil”.

Después de esta clase de jurisprudencia medio vanguardista que todos aplaudimos, es el turno de Carlos Peña, que muy en su estilo cita a Kant y John Stuart Mills, un pensador del siglo XIX, autor de “Sobre la Libertad”. El columnista queda al descubierto como un hippie con todo el tiempo para leer los clásicos de la literatura universal, debajo de un árbol. Según Peña, la libertad de expresión debería importarles a todos los que dicen luchar por la verdad: “si a uno le importa la verdad, tiene que dejar que todos opinen, porque sólo en medio de la competencia abierta de ideas, la verdad puede florecer y la mentira puede ser derrotada”.

El rector de la UDP compara a Viera Gallo con Federico II que censuró a Kant. “Si cada uno tiene el mismo derecho moral, usted me está ofendiendo al decir que entiende mejor que yo” parafraseó Peña. Hasta ahí todo bien, un poco de asceto balsámico a una discusión cargada siempre pimienta y lugares comunes.

Pero el rating de Peña descansa en su actitud de “outsider”. El abogado no tardó en crispar a la concurrencia cuando dentro de sus argumentos a favor de la libertad de expresión dijo: “el deber de los periodistas no es decir la verdad, sino no mentir deliberadamente y eso no significa abrazar la verdad a ultranza. De otra forma tendríamos santones incapaces de decir nada y no habría diarios sino anuarios con noticias verificadas hasta el último intersticio”. La afirmación tenía la certeza de que podría irritar al gremio lanzando la regla de que “el ejercicio del rigor periodístico consiste en verificar que la información sea plausible, no necesariamente verdadera”.

Lo peor vino después. El columnista lanzó que le gustaba el sistema de medios duopólico, porque “en el contexto chileno, elitista y endogámico, donde las decisiones se toman en el club de Golf y a la salida del colegio, entregar los medios masivos a la economía política de las audiencias y al mercado es extremadamente liberador”. En este punto Grossman se empieza a inquietar y pide a Montserrat Álvarez tiempo para intervenir.

“Yo sé que a ustedes que son cultos e ilustrados les molesta LUN pero a mi me parece espléndido, porque a través de la farándula se han puesto temas que de otra forma no estarían: un gay que salga en televisión sin ser motivo de repulsa, una jueza que se declare lesbiana, vecinos reclamando”. Chile, según él, sólo tiene dos alternativas: el mercado o la elite. Y “ya sabemos como piensan Viera Gallo y el Cardenal, los conservadores de derecha le temen a la modernización por encontrarla vulgar y preferirían ver History Channel, y los conservadores de izquierda también porque dicen que la modernización produce seres alienados”. Y para continuar el sacrilegio alaba al mercado usando a Marx: “el mercado disuelve todo lo sólido en el aire”, en nuestro caso la vieja elite y por si fuera poco, en dos décadas, usando la terminología marxista, “ha logrado cambiar las condiciones materiales de la existencia humana poniendo al alcance bienes simbólicos y materiales que antes sólo se veían a lo lejos”.

No estamos en Alemania

Claudio Grossman estaba ya inquieto con lo que en la cabeza de muchos era una blasfemia.Al fin tuvo su turno. El mercado es algo que se construye. La idea de que el público va determinando las cosas supone que el público no está afecto a la publicidad. Si alguien que corre en la mañana no puede vivir sin el aparato para oír música es porque alguien se lo vendió. Los medios tienen que ser regulados, en Holanda y Alemania existen asociaciones de consumidores que pagan una cuota por un espacio en televisión y pueden expresarse”.

“Pero no estamos en Alemania”, replica Peña, antes de ser estocado por Consuelo Saavedra, que apoyó el ejemplo de los adictos a la música para correr, y se quejó de la primacía de las noticias policiales y de la postergación de otras, por culpa del mercado.

Sin querer los “enojados” con Peña estaban cayendo en algo que Grossman dijo al principio: en Latinoamérica se hace un esfuerzo tremendo por acomodarse y comportarse como todos los demás, cuando en esencia, la libertad de significa ante todo cultivar la diferencia. Ser anti mercado a esta altura es más que todo corrección política, coincidir en las formas pero no en el fondo.

“Es probable que una persona que produce contenido simbólicos para las audiencias haga una tarea bastante digna, lo que pasa es que en Chile todos queremos ser intelectuales ilustrados. Además los periodistas siempre tienen una autoimagen que sienten que los medios no realizan”, espeta Peña a modo de provocación.

-No en todos los casos, replica el director de prensa del canal.

-Bueno, excluyamos a Jorge Cabezas entonces, contraataca el abogado.

Risas. Peña se va como el niño terrible que cuida a las masas, pero que a estas alturas es el mimado de la elite.

24 jul 2008

La Llegada a Chile de CNN

La llegada a Chile del canal de noticias CNN puede constituirse en un hito para la industria de la televisión, sobre todo para los telespectadores de noticiarios locales. De partida, la coyuntura actual para introducir un canal como CNN no puede ser más apropiada: los noticieros no se han renovado y han perdido rating de forma notoria.

Si bien este último no mide la calidad de los programas, a lo menos nos indica la cantidad de familias/hogares y personas que los están viendo. Detrás de las frías cifras que muestran los ratings hay miles de personas que han escogido prender o apagar su televisor. Los resultados permiten evaluar si los contenidos que se difunden logran interpelar o llamar la atención del público al cual están dirigidos. Por esta razón, dentro de la industria, cuando un espacio baja su rating promedio puede significar varias cosas: el programa está desgastado; falta innovación y creatividad; dejó de ser interesante o entretenido, etc.

Cuando esto ocurre, por lo general, los ejecutivos toman la decisión de sacar el programa o cambiar algún elemento esencial. Dado que el promedio de rating de la TV chilena ha descendido dramáticamente, de 13 a 9 puntos en los últimos cinco años, esto debiera significar, especialmente para los canales “grandes”, que las tareas no han sido bien realizadas. A lo menos, debieran preguntarse: ¿Qué podemos hacer para interpretar los gustos e intereses actuales de los telespectadores? ¿Cómo nos adaptamos a los cambios de la audiencia? Más allá de las respuestas, el hecho concreto es que los telespectadores están disconformes. Los bajos ratings así lo demuestran.

Dentro de este escenario, la llegada de CNN puede ser una bendición, aunque desgraciadamente sólo para las personas que tienen cable. A lo menos habrá mayor competencia. Y si ésta trae nuevos contenidos y formatos, y logra a su vez diferenciase del resto de los noticiarios, brindando innovación y mayor calidad periodística, entonces generará un círculo virtuoso y obligará a los otros canales a renovarse.

Si CNN aplica en Chile integralmente la línea editorial que mantiene a nivel internacional, tendremos en nuestro país un noticiario de calidad mundial. ¿Qué debería significar esto? Los accidentes, la delincuencia, el sensacionalismo dejarán de ser prioritarios. Los temas políticos, económicos y sociales pasarían al primer lugar. Habría más profundidad, análisis y contextualización de la noticia. Veremos más reportajes que entregan información útil para el diario vivir, desde el cuidado de la salud física y psíquica hasta consejos oportunos sobre las finanzas personales. También la eventual pauta de CNN debiera dedicarles mayor tiempo a las noticias internacionales, a los acontecimientos económicos, a los cambios en el mundo de la tecnología, a los nuevos aportes de la ciencia y la medicina.

Podemos suponer que habrá más espacios de debate, de entrevistas punzantes; mayor variedad de fuentes; más diversidad de opiniones contrastadas, más expertos y profesionales opinando. Sobre todo, debiéramos ver más espacios dedicados al periodismo investigativo, denuncias que provoquen polémicas e impacto público; más escrutinio y revelación de las verdades ocultas.

También este nuevo canal, CNN-Chile, debería reflejar la preocupación permanente de CNN Internacional por los temas ambientales, por las campañas de bien común y de solidaridad. A su vez, debiéramos ver programas que cubran la mayor parte de los deportes, del arte, del espectáculo y la recreación.

En definitiva, estoy seguro de que habrá un remezón en nuestra TV si realmente se concreta el objetivo de establecer una CNN en Chile con todos los atributos que la caracterizan a nivel mundial.

El desafío es gigantesco y requiere de mucha experiencia, conocimiento y talento por parte del equipo emprendedor. Esperamos que tengan éxito, pues estoy seguro de que existe un enorme porcentaje de telespectadores cultos, con sentido crítico, que busca más independencia y calidad periodística en los noticiarios. Hasta ahora, ningún canal ha representado a esta inmensa minoría. Quizás llegó el momento en que las súplicas se cumplan.

23 jul 2008

El desembarco del Opus Dei en Canal 13

Por más de diez años dirigió la revista Hacer Familia, fue asesora de la estación y la elegida por Mercedes Ducci para acallar las críticas de la Iglesia. Asegura que no será Torquemada, pero que tampoco va a tropezar con las piedras que puedan contravenir la línea editorial. Todo en el estilo PUC, muy sutil, prácticamente sin que se note.

Poco después del mediodía, Julio Rojas, jefe de guionistas de Canal 13, sale de la oficina de María Ester Roblero, la nueva Editora General de Contenidos de la estación. “¿Tienes mi teléfono?”, pregunta Rojas. “No, pero me lo consigo”, responde la periodista, sin perder su sonrisa y enfundada en unos pantalones de cuero negro que le harían parecer una rockera en plan de retorno, si no fuera porque los usa un poco sueltos.

Desde noviembre del año pasado que María Ester Roblero es asesora de contenidos en el canal. Empezó haciendo ese trabajo en el matinal y la semana pasada se confirmó que asumía en el puesto que ocupaba Paulo Ramírez. “No es que el Polo lo haya hecho mal sino que tiene mucho trabajo a cargo del Festival de Viña y los programas envasados. Este trabajo se le hizo incompatible”, aclara de entrada Roblero.

Aunque el ex crítico de televisión de El Mercurio todavía no saca todas sus cosas de la oficina en el cuarto piso, alimentando las versiones de que el cambio además de radical, fue sorpresivo, Roblero asegura que su incorporación en el círculo de confianza de Mercedes Ducci, -la directora ejecutiva-, se fraguó el primer fin de semana de Julio. “Me llamó la ‘Memé’ y estuvimos dos días negociando la descripción del cargo”, cuenta.

Egresada de Periodismo en la Universidad Católica a mediados de los ’80, entre los que reconoce como amigos está el periodista Francisco Mouat, Milena Vodanovic (directora de revista Paula y esposa del ex ministro Ricardo Solari) y la documentalista Pamela Pequeño (La Hija de O´Higgins), con quien se asoció para presentar proyectos al Fondart y al Consejo Nacional de Televisión. En 2003 integró el panel del programa “Acoso Textual”, donde mujeres de distinto perfil conversaban con un hombre invitado. Ella era la conservadora. Durante doce años fue la directora de la revista Hacer Familia, vinculada a la prelatura del Opus Dei. “El Opus Dei no es como un ejército macedónico que actúa en bloque, cada uno sigue su vocación desde el trabajo. Yo no recibo instrucciones de nadie, ni tenemos reuniones clandestinas. En Acoso Textual no fui la cartucha del programa, se hubiera notado a la semana, soy mucho más que eso”, asegura.

En efecto, este no es el estreno de Roblero como “rostro” editorial. Antes condujo “El Domingo Hablamos”, una versión inofensiva de Tolerancia Cero. Actualmente participa de “¿Quién dijo que era fácil?”, un programa de orientación para padres y “En Contexto”, un espacio de conversación, ambos emitidos por la señal de cable.

El ojo de Torquemada

En la estación interpretan su nombramiento como una señal evidente hacia los sectores de la Iglesia que han criticado la línea editorial del canal y un intento claro de equilibrar la “misión” con las leyes del mercado. Además, otra perla del “estilo PUC” que removió a Paulo Ramírez de su cargo, pero sin echarlo del canal.

“No está claro si María Ester Roblero tendrá autoridad real y tampoco cuanto sabe de televisión, pero sí que su nombramiento es muy bien recibido por las autoridades de la Iglesia”, dice un ex ejecutivo del canal.

Las dudas son razonables en tiempos en que la competencia de los canales es cada vez más estrecha y cualquier paso en falso podría rezagar a la estación católica. La nueva editora de contenidos no tiene el “expertise” de Paulo Ramírez El año pasado el canal con más utilidades fue Chilevisión con $5184 millones, seguido por TVN con $4.551, Canal 13 con $3.549 millones y Mega con $3.030 millones.

Roblero llega justo cuando el canal tiene al menos nueve proyectos programáticos “en el horno”, entre ellos una teleserie nocturna y la programación de verano en la que el calor y los trajes de baño pueden conspirar contra la línea editorial.

“No me gusta encontrarme con piedras en el camino, con cosas que son del día a día como cuando los capítulos no salen del todo buenos o hay alguna declaración que pueda contravenir la línea editorial”, aclara. Por eso la reunión con Julio Rojas es parte de su integración a los distintos equipos de trabajo y al despliegue de las nuevas reglas del juego. “No voy a ver los programas con el ojo de Torquemada, pero sí tengo que estar en línea con los directores y los guionistas para evitar la improvisación y los problemas de última hora. Hay que analizar programa por programa. No estamos por poner en la pantalla fariseos en serie, tenemos que mostrar personajes humanos con todos sus pliegues. Estamos soñando una parrilla”, dice.

El berrinche de los obispos

Casi una semana después de que Roblero ultimara los detalles de su nueva posición con Mercedes Ducci , el miércoles 9, Fernando Chomalí, Obispo Auxiliar de Santiago, se declaró molesto por el afiche de la teleserie Lola (que durará más de un año, probando que es uno de los programas más rentables del canal) que mostraba a un hombre embarazado. Las declaraciones de Chomalí no hicieron más que catalizar una molestia recurrente en la Conferencia Episcopal. “En todas las reuniones de los obispos últimamente, la situación del canal ha sido tema. La opinión no es que hay que perderlo como señal abierta ni tampoco transformarlo en un canal religioso, pero sí se le pide coherencia”, dice una fuente del episcopado. A Chomalí se sumaron luego Alejandro Goic, Obispo de Rancagua y Gonzalo Duarte, Obispo de Valparaíso, quienes criticaron públicamente la promoción de la teleserie.

“En privado les molesta por ejemplo que la Iglesia promueva el sueldo ético y ellos se gasten millones en pagarle a Raquel Argandoña, o que se hable de dignidad de las personas y haya un programa como Amor Ciego”, comenta la misma fuente.

“Basta ver el blog de El Mercurio para darse cuenta que las presiones vienen de todos lados”, asegura María Ester Roblero, aludiendo a una columna de Gonzalo Vial publicada la semana pasada donde el historiador recomienda que el canal se cierre o se venda. “Lo que la gente pide es que sea una marca clara y me parece que no ha sido una marca poco clara, pero me he sumado a este equipo para hacerla mucho más potente, con contenido más atractivos y más cortos”, dice.

Casada con un piloto comercial de Lan, Roblero califica perfectamente en el molde de católico ejemplar: es madre de cinco hijos casi todos universitarios, “por eso no me puedo dar el lujo de no ganar plata”, dice. Pertenece a una familia donde hay jesuitas destacados: Luis Roblero, su primo, es director de INFOCAP e integrante del Consejo de Trabajo y Equidad, y con el “concuerdo cien por ciento en todo lo que dice”, asegura. Su hermano Gabriel es encargado del movimiento juvenil CVX. Por último, aclara que “La Iglesia es experta en humanidad y un valor supremo es la libertad de las personas”. Veremos donde empieza el libertinaje.

15 jul 2008

Lola

El obispo auxiliar de Santiago ha censurado fuertemente el aviso de publicidad de Canal 13 para su teleserie Lola, que muestra a un hombre embarazado...gigantescamente embarazado, para ser exactos.

1. Lola se trasmite desde septiembre de 2007. Su extraordinario éxito le ha permitido, en este lapso, liquidar a la teleserie rival del Canal 7, compensar el fracaso de otro producto del mismo 13, y conservar el aliento para batirse, todavía hoy, con una SEGUNDA teleserie del Siete, La viuda alegre.

Lola, pues, ha sido un impacto, un exitazo. De allí que el canal la haya extendido meses más allá de su plazo original.

Ahora bien, esta teleserie ha tenido siempre un único tema: un hombre que, por un hechizo, adquiere cuerpo de mujer; y como mujer/hombre, tiene una relación sexual, queda embarazada/o, y debe soportarlo... pero ya concluido el hechizo y en su cuerpo masculino.

Es decir, todo aquello que con justo motivo el obispo auxiliar de Santiago reprocha al aviso de publicidad incriminado está presente desde el principio en Lola: es su argumento central.

Tampoco Lola ha sido desarrollada ni publicitada con discreción ni buen gusto (suponiendo que hubiera sido posible una hazaña así), sino con trazos gruesos y de una vulgaridad como para llorar a gritos.

El episodio de debut «arrasó» —dijo “El Mercurio”, el 28 de septiembre de 2007— gracias a concluir “con Lola gritando por su masculinidad perdida”: “¡Se me cayó el pico!”. En el original argentino, adaptado por el Trece, Lola lamentaba la pérdida de su «pito». Cambiar el vocablo se «evaluó» por el canal chileno, y finalmente “las autoridades prefirieron la «naturalidad»...”. El jefe de guionistas explicó: “La historia (de Lola) presenta personajes ordinarios en situaciones extraordinarias...Y como todo personaje ordinario, tiene que hablar de acuerdo con la realidad”. “Ayer —concluía el periódico— Lola volvió a usar expresiones cotidianas: «¿Qué me hizo esa conch...?» dijo, cuando se dio cuenta de que era víctima de un hechizo”.

Así empezó Lola, y lo mismo ha sido durante diez meses: el aviso incriminado no es sustancialmente distinto de lo visto en la pantalla. Bien está que se critique ahora, pero.. .¿ y antes?

2. Como se ha hecho ver aquí tantas veces, el Canal 13 es 100% propiedad de la Universidad Católica, y ésta canónicamente es un órgano de la Iglesia y del Arzobispado de Santiago, y de nadie más. El arzobispo es la máxima autoridad del plantel, como Gran Canciller, y lo sigue en jerarquía el Vice Gran Canciller, otro obispo. Pero un profesor y ex decano de la universidad dice:

“La gente cree que el Canal 13 es un órgano de la Iglesia Católica. La verdad es que no lo es y no representa a la Iglesia Católica, aunque directamente es propiedad de la Iglesia”.

Esto resulta muy difícil de entender, ya que no es como dice el académico, sino justamente lo contrario. ¿Por qué el canal no representa a la Iglesia, si lo opera un ente íntegra y exclusivamente suyo, la Universidad Católica? ¿Quién, razonablemente —sin partir pelos canónicos en cuatro—, podría entenderlo de otra manera?

Una vez más se plantea —considerando el justo reproche del obispo auxiliar— el problema de fondo del Canal 13, que hemos repetido tanto:

a) No tiene sentido ninguna actividad educadora (Universidad Católica) ni comunicacional (Canal 13) de la Iglesia, que no difunda y, peor todavía, que contradiga el mensaje de ésta, que para los fieles es el de Cristo.

b) Es imposible, por razones de financiamiento, que la Iglesia tenga un canal comercial y abierto que cumpla la finalidad indicada, salvo que lo haga a pérdida, y por consiguiente lo subsidie de modo cuantioso.

Por eso, en las grandes batallas de doctrina que ha librado la Iglesia los últimos años —el divorcio, la píldora del día después, ayer, hoy su libertad para educar—, el Canal 13 no ha jugado el más mínimo papel. No era «rentable» (ni como espectáculo de TV, ni en avisaje) que lo hiciera. ¡Ni siquiera tiene un programa de alto nivel en que se enfrenten especialistas de distintas ideas, abordando estos temas de importancia capital, u otros parecidos!

La universidad, como tal, tampoco influye para nada en el Trece. Aplaudí en su momento el anuncio de una serie «bicentenaria» sobre los grandes personajes de nuestro pasado. Llegaron los episodios y —cualquiera haya sido su valor artístico—, históricamente eran nulos. Pues bien, la Universidad Católica cuenta con un muy prestigiado Instituto de Historia. ¿Qué papel jugó en la serie de los personajes? Ninguno.

Como canal comercial puro y simple, el Trece no es de peor ética que los otros; posiblemente, aún, sea algo más correcto.

Como canal católico, no es nada.
Sus «Lolas», sin embargo —que quizás pasarían desapercibidas en aquellos otros—, en una institución ciento por ciento de la Iglesia son motivo de escándalo y desprestigio que urge remediar. No es cosa de cambiar a Fulano por Zutano, ni de disminuir en los avisos el volumen del vientre del hombre/mujer embarazado. Tampoco, desgraciadamente, es razonable pedirle al Trece la cuadratura del círculo: que concuerde TODA su emisión, TODOS sus programas, con la doctrina y mensaje de vida de la Iglesia —estricto deber de un medio comunicacional que pertenece a ésta íntegramente—... pero autofinanciándose, en lucha frontal y darwiniana por el avisaje con los otros canales, que no tienen esa exigencia, ni (aparentemente) ninguna.
Las alternativas parecen seguir siendo las mismas de siempre: o los católicos, de alguna manera, subsidian a «su» canal para que también lo sea; o se cierra; o se vende.
Gonzalo Vial

10 jul 2008

El complejo momento de las teleseries más exitosas


Es irónico: las dos teleseries más exitosas son atacadas por personeros relacionados di­rec­tamente con las bases de cada canal. “Lola” del católico Canal 13, fue cuestionada por la Igle­sia y “El Señor de la Querencia”, del canal público TVN, por el Gobier­no.
Mientras el obispo auxiliar de Santiago, monseñor Fer­nan­do Chomalí criticó el “em­barazo de Lalo”, el ministro secretario general de la presidencia, José Antonio Viera Ga­llo, hizo lo propio con la violencia de la noc­turna.
Pero, a pesar de las críticas, la po­pularidad de ambas no ha­ce más que crecer: las dos promedian más de 20 ptos.
Ayer, fue Lorena Bosch (Lu­crecia), quien dio la cara por la nocturna. “El personaje de E­che­nique está siendo tratado constantemente como un en­fer­mo, sabemos que es un en­fermo y que está mal. Por lo tanto, no me pare­ce que estemos avalando la violen­cia”, dijo a radio Coope­rativa.
En tanto, dentro de TVN, la explicación es que “Es una ficción que no pretende ser una apología a la violencia”.
Por su par­te los fa­náti­cos han deja­do claro que la violencia no les molesta. Defienden la telese­rie en su página de Face­book y lo evidencian con el rating, que incluso en el crudo capítulo del martes (Echeni­que casi quema a Herminia), se elevó a 27 ptos.Lola está embarazada
En tanto, Canal 13 ya tomó acciones para evitar la polémica. Después de que monseñor Fernando Chomalí pidiera que se retirara el aviso de “Lalo” embarazado por no responder a la línea editorial del canal, desde ayer la campaña publicitaria cambió a Lalo por Lola. Ahora ella está embarazada.
En la estación dicen que esto estaba planeado desde antes. “Justo ayer (martes) terminó la campaña de alto impacto que duraba cinco días”, explicó una fuente y agregó que ahora co­mienza “la parte explicativa” de la publicidad, con Lola em­barazada.

El obispo Chomali rechaza el aviso del hombre embarazado

Autoridad eclesial pidió a UC-TV retirar tal propaganda y hacer la corrección a dicha programación por "producir confusión".



Su más tajante rechazo a la publicidad del "hombre embarazado" del Canal 13 de la Pontificia Universidad Católica de Chile para promover su teleserie "Lola" expresó ayer el obispo auxiliar del Arzobispado de Santiago, monseñor Fernando Chomali, quien pidió retirar el aviso, así como corregir dicha programación, por no responder a la línea editorial de una estación de TV católica y universitaria del país.

Afirmó que con la fotografía de un "hombre embarazado", al margen de las intenciones que haya detrás de la teleserie, "se hace un gran daño a la sociedad, a la familia, a los jóvenes y a la Iglesia, dado que produce confusión y rompe, a través del potente medio comunicacional de la imagen, con el corazón mismo de lo que la naturaleza nos dice con su maravilloso lenguaje: sólo las mujeres se embarazan".

Agregó que con el propósito de suscitar "rating" y acaparar la atención sobre la teleserie, sus autores ponen en seria dificultad la labor educativa de los padres, profesores, y de la misma Iglesia Católica, "al tergiversar de manera tan flagrante la realidad".

El obispo Chomali -especializado en materias ético-morales- manifestó que ante tal situación, "les pediría que no sólo retiren la propaganda, sino que además corrijan la teleserie, si con ella aumentan la confusión o la alimentan en un tema tan delicado como es la procreación, la maternidad y paternidad con sus tareas propias e insustituibles".

Afirmó que con esta actitud, el Canal 13 no responde a las líneas editoriales de un medio de comunicación católico y universitario, "ni a las exigencias éticas de la publicidad".

Explicó que esta postura y sus alcances responde a la inquietud de tantos padres preocupados por la buena formación de sus hijos, especialmente en lo relativo a la identidad sexual.

"Como obispo no puedo justificar una publicidad de este tipo, por ser contraproducente, innecesaria y éticamente cuestionable", sentenció.

Hay que recordar que el Cardenal Arzobispo de Santiago, Francisco Javier Errázuriz, es el Gran Canciller de la Universidad Católica de Chile, y el obispo auxiliar Andrés Arteaga, el Vicegrancanciller UC.

Defensor ético

El 7 de abril de 2006 el Papa Benedicto XVI nombró al sacerdote Fernando Chomali Obispo Auxiliar de Santiago, día en que celebró sus decimoquinto aniversario de su ordenación.

De 51 años, a este doctor en Teología e ingeniero civil UC le ha correspondido defender la posición de la Iglesia en temas controvertidos como la eutanasia y la píldora del día después, entre otros. Desde 1997 es profesor del Centro de Bioética de la Facultad de Medicina UC. Es además miembro titular de la Pontificia Academia para la Vida con sede en Roma.

Una historia controvertida

Canal 13, a través de su departamento de comunicaciones, se refirió a los comentarios que ha suscitado la campaña de "Lola", que muestra al actor Jorge Alberti embarazado: "La publicidad alude a cómo Lalo se imagina embarazado, pero nunca en la teleserie va a haber un cuerpo de hombre embarazado".

La estación explicó que ese spot es parte de una campaña que incluye otras piezas que podrán verse a partir de hoy, como la que muestra a Blanca Lewin (Lola) embarazada. Se agrega que el control editorial, tanto de la teleserie como de la publicidad asociada, está a cargo de diversos equipos de programación y marketing.

En los diez meses que lleva en pantalla "Lola", no ha estado exenta de polémicas. Incluso, su debut generó debate, porque mostraba al protagonista, Lalo (Jorge Alberti), gritando "¿dónde está mi pi...?" tras haber perdido la masculinidad por un hechizo. Canal 13 sigue liderando con su teleserie: promedia 19,6 puntos de rating frente a 16,1 de "Viuda alegre" (TVN).

Obispo Goic criticó contenidos de los medios de comunicación

Una fuerte crítica realizó el presidente de la Conferencia Episcopal, Alejandro Goic al trabajo que realizan los medios de comunicación, señalando que se rinden ante supuestas exigencias del mercado como sintonía y tiraje.



Actualmente, los medios de comunicación son empresas de mercados, por lo tanto se rigen por los niveles de sintonía y tiraje. Ante esto, el religioso planteó la situación que viven los medios, asegurando que los contenidos nos banales, dando énfasis a temas que no contribuyen al bien social del país.
El obispo aseguró que los medios hoy actúan como “prisioneros de los indicadores de sintonía, de tiraje o de visitas” que se rinden a “supuestas exigencias del mercado”. También expresó que “sentimos que muchos periodistas y comunicadores siguen, como ayer, atrapados, pero son distintas las mordazas
En medio de la 42º Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, el religioso planteó que hoy nos vemos “atrapados frente a las lógicas de algunos medios de comunicación prisioneros de los indicadores de sintonía, de tiraje o de visitas, rindiendo culto a supuestas exigencias del mercado, hipotecando sus principios editoriales".
Y remarcó que a diario nos encontramos con "páginas y minutos con contenidos banales, reduciendo el nivel del debate y exacerbando conflictos".

19 jun 2008

¿Para qué sirven?

Gonzalo Vial

Los canales 13 y 7 son como el Transantiago, heridas que se sufren todos los días y a las cuales —precisamente por ser cotidianas— la gente termina acostumbrándose, y deja de reclamar.

Ambos dicen tener finalidades superiores, no las de un canal privado y comercial. Pero no se les nota, en absoluto.

El Canal 13, por ejemplo, pertenece a la Iglesia Católica. No me hablen de una corporación independiente, ni de la Universidad Católica. La corporación es 100% propiedad de la Universidad, y la Universidad 100% propiedad de la Iglesia.

Pero el 13 no refleja en nada el catolicismo de sus dueños, la concepción católica de la religión, la moral o la vida.

Las teleseries propias del canal y las envasadas transmiten, sin ningún contrapeso, enfoques de la existencia amorales, hedonistas e individualistas que destruyen, insidiosa pero efectivamente, todo lo que la Iglesia enseña. Ah, pero su próxima teleserie es la de un hombre convertido en mujer y su ''confidente'' femenina ("El Mercurio", 11 de agosto).

No tiene el canal programas que lo diferencien —que permitan a alguien sospechar, siquiera, que es católico— salvo microprédicas de cinco minutos en horarios vergonzantes.

No aborda con seriedad —cuya primera condición es darles el tiempo que necesitan—, ni siquiera en debate con quienes tengan opiniones distintas, ninguno de los problemas actuales que interesan a la Iglesia y sus fieles. ¿Vieron Uds. en Canal 13, a su momento, un programa importante sobre el proyecto y ley de divorcio? ¿Han visto alguno, hoy, sobre la píldora del día después, o el aborto, o el ''salario ético'', o las conclusiones a que llegó la asamblea episcopal celebrada en Brasil con asistencia del Papa?

No, nada de eso. Pero sí el debut del estelar ''top'' del canal. Su símbolo —un personaje, excelentemente actuado, retrato homofóbico de un homosexual— dijo, entre risotadas del público, que una animadora y su pareja, sorprendidos días antes por unos paparazzi, ''debían apagar la luz y correr las cortinas para hacer sus cochinaditas''.

Una niña de la farándula bailó koala con un invitado desprevenido (menos mal que no era parlamentario), y otra que tal inició un striptease. Anteayer, me parece, leí en "El Mercurio" que el canal pondría fin a un programa matutino, de esos dedicados a que un ''juez'' solucione casos concretos, y que pueden (sólo ''pueden'') tener cierto valor y utilidad.

¿Motivo? Comparado con la competencia, era el último en el rating de la mañana.

¿Reemplazo? Farándula.

¿Para qué le sirve todo esto a la Iglesia, a sus fieles, e incluso a los no creyentes que esperen un nivel distinto y superior en la TV católica?

¿Y qué decir del Canal 7, el ''Nacional''?

Estratégicamente, se jacta de superar a los demás en el rubro ''cultura'', lo cual incluso puede ser cierto, por aquello del tuerto rey en el país de los ciegos.

Pero lo primero que hacen verdaderamente importante en materia de difusión cultural, la serie de Raúl Ruiz ''La recta provincia'', la relegan a las 23.15 horas. ''No me extraña (dice la protagonista, gloria del teatro nacional). Les debe haber dado susto mostrar una historia interesante en un horario más popular. En la televisión tienen acostumbrada a la gente a las historias tristes y vulgares, y las cosas buenas y culturales siempre las desplazan''

¡Y son sólo cuatro episodios!

En cambio, acaba TVN de tener un gran ''éxito''... e inicia otro.

—El ''éxito'' recién terminado, ''Alguien te mira'', fue simplemente una serie de morbo y terror más.

Dice una crítica: ''El detective Carvajal y sus boys parecían sacados de una escena de «¿Dónde está el policía?»..." ("La Segunda", 17 de agosto). De esta clase de películas o series hay tres o cuatro diarias en el cable.

Las declaraciones del medio televisivo sobre el ''éxito'' han estado a su altura. El descuartizado: ''La motosierra es monstruosa, es para botar árboles, ¿cachái?''. El director ejecutivo de TVN: ''La idea no es que el sicópata termine como Aníbal Lecter viviendo en Las Bahamas, PORQUE SERIA ENVIAR UNA ERRATICA SEÑAL DE IMPUNIDAD''

¡Las ''señales éticas'' del Canal 7 a los sicópatas!

—Y ahora hace partir otro ''éxito''... «Cárcel de Mujeres». En el primer episodio, una gendarme que recibe coimas y practica violentas revisiones genitales de las reclusas (comienzo ), y escenas lesbianas (fin). ''Sensacionalismo'', ''excesiva crueldad''—dice una crítica de "El Mercurio" (17 de agosto)—. Pero no alarmarse, agrega, son sólo los ''ganchos''.

Las reclusas santiaguinas y la Gendarmería, con justa razón, se molestaron. El presidente de TVN se indignó ante la molestia. La serie nada tiene que ver con las reclamantes, aclararía, es una ficción. Y la ven ''millones de chilenos'', igual que ''Alguien te mira'' ("El Mercurio", 19 agosto).

De nuevo la pregunta clave: ¿para qué sirve Canal 7? ¿Por qué se le llama ''Nacional''?

Es del Estado, o sea, de todos los chilenos. Este semestre, el primero en rating . Gasta seis mil millones de pesos anuales, para producir la misma utilidad que genera el cuarto canal en rating con menos de la mitad del gasto ("El Mercurio", 19 de agosto). El objeto teórico del Canal 7 es elevar el nivel de la TV chilena. ¿Cómo lo hace? Con ''éxitos'' de sicópatas, decapitaciones, descuartizamientos, y anticlimáticos finales de ''¿Dónde está el policía?''. O de revisiones genitales y ataques lesbianos en las cárceles. Con ''ganchos'' y ''señales'' para los posibles sicópatas...

El presidente de TVN lo tiene claro. Lo importante es cuánta gente ve todos estos esperpentos, no lo que los esperpentos sean o muestren.

Para eso el Estado tiene una inversión y hace un gasto gigantesco.

Termino reiterando lo que he dicho muchas veces. Sólo canales subsidiados pueden producir televisión distinta y de un nivel superior al de la TV comercial. Pedirle la Iglesia al Canal 13, o el Estado al 7, que cumplan sus VERDADERAS funciones sin subsidio del dueño, es pedirles la cuadratura del círculo.

21 oct 2007

Fernando Villegas SE CONFIESA

Al salir de su casa supe que más que una entrevista había sido un incidente. Desde el principio, Fernando Villegas tenía una expresión tensa, agresiva: "En La Nación me odian", fue lo primero que dijo. "¡Especialmente las mujeres!".

"¿Qué diríai tú si yo sacara esta huevá que está acá adentro?".
Al sociólogo de "Tolerancia cero" se le perdonan los exabruptos porque son exagerados, casi literarios. Hablar con él es como hablar con un taxista que ha dado demasiadas vueltas por Santiago y ha gastado demasiada gasolina y escuchado demasiada radio, una radio de derecha, y tiene ganas de opinar de todo y contra todos.

-Pamela Jiles escribió en La Nación un artículo contra ti.
-Debe ser alguna estupidez, probablemente... La Pamela Jiles es una mujer muy resentida, nunca logró cumplir su papel de Pasionaria y destila mala leche. Es una idiota esa mujer. Yo no ando pelando a la gente, como la Jiles y otras personas que se tiran al cogote. Yo puedo caer pesado por lo que digo sobre movimientos, ideas, partidos, cuestiones, pero nómbrame a una persona a la que haya vejado así, directamente. ¡Ninguna!
-Tú hiciste unas declaraciones bastante graves contra los homosexuales...
-No, ése es un grave error tuyo. No fueron declaraciones, en primer lugar.
-Yo las leí. Están en Internet.
-Fue un periodista a mi casa a preguntarme qué opinaba sobre el tema de la homosexualidad, no de los homosexuales. Tuve determinadas opiniones sobre eso. No contra los homosexuales. Es como si dijeras que porque uno considera que el cáncer es malo, uno está contra los cancerosos, una estupidez. Pero no espero mucho de los periodistas chilenos en general, son bastante estrechos de mente y estúpidos. Bastante más inteligentes fueron los dirigentes de los homosexuales, que conversaron conmigo. Yo había llegado a un acuerdo con ellos, a un entendimiento, y seguían los periodistas bombardeando. Hasta hoy les parece que viene a cuento sacar a relucir el episodio, como que yo era un, cómo lo llaman, cavernícola...
-Homofóbico.
-Sí, y todas esas estupideces.
-¿El movimiento homosexual hizo una "funa" en tu casa?
-Duró dos minutos. Conversé con los dirigentes y se acabó.
"VAN A NINGUNEAR EL LIBRO"
-"El Chile que no queremos", a diferencia de tus otros libros, ha tenido un gran éxito, ¿por qué?
-Los libros tienen éxito o no por tantos factores. Hasta puede ser que sea bueno el libro, en una de ésas. Hay mucho de moda, de cómo te reciben los críticos, que son simplemente unos individuos...
-¿Qué expectativas tienes con esta novela?
-... Los críticos van a hacer lo que han hecho con todos mis libros anteriores: van a hacer como que no existe. Lo van a ningunear. Y me imagino que se va a vender. El libro es bastante brutal y antidiscurso políticamente correcto.
-Porque tu personaje es un latino racista.
-Exacto.
-Y muy violento.
-Muy violento. Naturalmente van a decir que yo soy el personaje. Pero están cagaos porque yo no mido 1,60 como mi personaje, ni soy negrito, pero van a buscar la manera de joder. Mientras más me muerdan y me ladren los huevones... Tú vas a buscar las partes peores, por supuesto. Porque trabajas en La Nación. Yo parto de esa base. Y eres periodista y eres mujer. Hace poco atendí a un grupo de señoras histéricas. Ahora les dio con que yo era, ¿cómo es?
-Misógino.
-Misógino. Porque debatí sobre la ley de femicidio y me pareció una tontera que inventaran esa figura verbal para resolver el tema. Inmediatamente se subieron al carro un montón de yeguas a decirme misógino. Y tú, supongo, estás dispuesta a hacer todo lo posible pa cagarme.
-No necesito hacerlo.
-Vas a escoger los "morceaux choisies" [fragmentos escogidos]. ¿Y qué dirías si yo sacara esta huevá que esta acá adentro?
-Lo consideraría un acto de violencia.
-Jajajá. Un acto de violencia, pero por favor. Yo podría decirte que permito o no permito grabar según lo que se me dé la gana a mí, porque estás en mi casa. Podría decirte que no te voy a dar la entrevista ahora, porque me parece que no tienes ninguna gana de escribir algo objetivo, y que por lo tanto te voy a sacar la cinta.
-Si quieres, hazlo.
-No, no lo voy a hacer, fíjate.
-¿Te parece que la fama es algo importante?
-No. Es una molestia. Significa que un montón de personas se hace una imagen de ti por dos segundos y hacen un cuadro, normalmente un cuadro negativo, y usan cualquier medio que tengan a mano pa joderte. La gente, cuando los tocan en alguna idea o principio que ellos defienden, se sienten personalmente atacados. No hay una distinción, en la cultura latina, entre lo personal y lo que uno piensa. La cultura latina es una cultura resentida porque nació del fracaso y la derrota. Es una cultura nacida de la explotación donde hay una mala leche perpetua hirviendo a fuego lento, los de arriba aplastando a los de abajo, los de abajo resentidos, nadie avanza, no se progresa, no hay solidaridad, no hay colaboración.
INDIOS TIRANDO SUS FLECHITAS
-¿Disfrutas de "Tolerancia cero", de estar ahí?
-Sí, a veces, pero esas polémicas son muy cabronas, por el tiempo, porque te están haciendo gestos, que se acabó, y te cortan de un viaje. Y en cuanto a los otros, mira, llevo años en esta cuestión, me han disparado mierda desde todos lados, y no pasa nada. Es como cuando los indígenas suspiraban porque les tiraban flechas a un acorazado... me siento así, estoy en la borda con una pipa en la mano viendo a los indios tirando sus flechitas.
-Un acorazado contra los indígenas.
-Un acorazado, porque no me pueden hacer daño. Ni siquiera los dueños de los medios: lo peor que me pueden hacer es echarme. Yo he perdido muchas pegas y sé que uno no se muere. Qué más pueden hacer. Nada. Fastidiar.
-Porque en el fondo eres un tipo simpático, ¿no?
Yo soy encantador, Mili, con las personas que no vienen en una actitud guerrera, encantador.
LUCÍA PINOCHET: “UNA MUJER BUENA”
“No opino nada de ellos. Son personas que no conozco mucho. Su relación con esas platas lo dirá la justicia. Me imagino que como mínimo se beneficiaron de los latrocinios del papá. Y en caso peor, cooperaron en el latrocinio. No sé detalles, debe ser diferente caso a caso. No me imagino a esta señora Lucía Pinochet participando activamente en una intriga porque es una mujer bastante ingenua. Me la imagino quizás beneficiándose, no sé, no estoy investigando el caso. Veo que en general todos los políticos suelen salir más ricos de lo que entraron, los casos contrarios son contados con los dedos de la mano, hay un poquito de hipocresía en toda esta gritadera. Dame nombres de políticos que no estén viviendo mucho mejor que como entraron. Uno dice: pero bueno, de dónde compraron estas casas, estas mansiones, de dónde salieron todos estos negocios.
–¿Qué impresión te dio ella en el programa?
–Una mujer bastante corriente, no tiene ningún rasgo que me la distinga mucho, salvo que es hija de Pinochet. Fuera de eso, pasaría colá en una calle. Una mujer buena, digamos, en el sentido que no ha matado a nadie, no ha hecho ningún daño especial. Una mujer buena persona, me imagino. Pero las buenas personas también, si tienen la oportunidad, se aprovechan.
“NO ME MEZCLO CON PERIODISTAS”
“Los periodistas, más que cerebro, tienen un catálogo de clichés que utilizan según las circunstancias”, afirma Villegas.
–Pero tú trabajas con periodistas.
–Yo no trabajo con nadie aquí. Estoy en mi casa y no me mezclo con nadie. Así es que no me mezclo con periodistas.
–Trabajas con Alejandro Guillier.
–Alejandro Guillier es una persona inteligente, estudió otras carreras. El periodismo para mí es un chiste, es un oficio menor, como ser zapatero remendón. A los periodistas los he encontrado, a casi todos ellos, una manga de mala leche, resentidos, envidiosos, y deseosos de colgarse de la vena de alguien, al cogote. Es una profesión resentida: son mal pagados, poco reconocidos, mirados en menos, basureados en sus propios medios, entonces andan echando chispas todo el día, lo comprendo. (...)
“NO SOY MACHISTA”
“No, tengo tres hijas. ¿Cómo podría ser machista? No ando recitando el discurso políticamente correcto de las señoras feministas, ni poniendo los ojos en blanco para ganarme la buena voluntad, que es lo que hacen acá: todos se suman a la primera cosa progresista que aparece para no convertirse en blanco. Uno no es machista porque encuentre absurdo ver la violencia intrafamiliar como una cuestión relacionada con cambiarle el nombre a una figura legal y argumentar femicidio. Es una operación mediática, nada más. Pero el motor de la actividad sicológica en Chile es el resentimiento, y si tú no te sumas a la chusma deseosa de linchar a alguien, si no te sumerges en esa masa repitiendo los mismos eslóganes, si te quedas callado, te conviertes en blanco legítimo de la turba linchadora...”.