20 de may. de 2007

El amigovio de Bolocco fue un protegido de Pinochet

La ex Miss Universo, actual conductora de televisión y madre del hijo menor de Carlos Saúl Menem volverá a encontrarse hoy en México con el módico playboy y empresario italiano Luciano Marrocchino, con quien fue fotografiada en Miami en situación al menos inquietante. Quién es “Ciano” y cómo logró hacer buenos negocios a la sombra de Augusto Pinochet.

Laura Landaeta L.*


A Cecilia Bolocco (42 años cumplidos ayer) le gusta el poder. Eso es innegable. Y sin duda, ése es además el gran nexo que la unió a su nueva conquista, el empresario italiano Luciano Marrocchino (53). Conocido en Chile por su relación comercial con la multinacional Falabella y su aparición en cuanto certamen de belleza se realiza en televisión, Marrocchino ha cosechado una fama de playboy que hasta Carlos Menem envidiaría.
Sin embargo, ése no es el único tema en común entre él y la diva chilena. También hay otro del que prefieren no hablar, uno que esconden para no caer mal: Augusto Pinochet Ugarte, el dictador. Este oscuro personaje de la historia reciente de Chile no sólo salvó de la cárcel al padre de la Chechu sino que además estuvo indirectamente emparentado con el italiano y fue de gran ayuda en casi todos sus millonarios negocios internacionales.
Así cuenta Gonzalo Townsend, sobrino de Pinochet. Según señala, otro de los sobrinos del general se casó en 1985 en Italia con Liza, la hermana de Marrocchino. Al enterarse Luciano de la relación entre su nuevo cuñado y el dictador chileno, inmediatamente comenzó las gestiones para conocerlo y estrechar lazos. En esa época, gran parte del poder económico italiano admiraba muchísimo a Pinochet y Marrocchino sabía que este casual parentesco le sería de gran conveniencia.
“El usufructuó la relevancia política y económica de mi tío”, dice Townsend –quien fue asesor comunicacional de Pinochet– desde Puerto Montt. Es más: incluso recuerda cuando Marrocchino conoció por primera vez a su tío en 1986, en la ciudad de La Serena, en una fiesta familiar.
Adulador como nadie, Marrocchino dedicó la noche a tratar de ganarse la simpatía del general. Según dice Townsend, al principio Pinochet se entretuvo mucho con las historias del italiano y le tomó una gran simpatía, a tal punto que le enviaba fotos suyas autografiadas para ser entregadas a empresarios italianos del ámbito portuario y textil.
Y cada una de sus dedicatorias personalizadas le dio a Marrocchino la posibilidad de iniciar un microimperio económico que le permitió incluso comenzar exportaciones de vestuario desde Europa hacia Sudamérica.
Además, los Pinochet le presentaron a varios accionistas de Falabella para que así comenzara la inserción en Chile de sus productos, los que hasta el día de hoy se comercializan en la multitienda. Townsend recuerda: “Mi mamá (María Inés Pinochet) presentó a Luciano como un miembro de la familia, lo que le abrió muchísimas puertas”.
Hasta ahí, todo marchaba muy bien. Sin embargo, la ambición de Marrocchino fue tal que un día no encontró nada mejor que pedirle al ex dictador chileno que le concediera el cargo de cónsul honorario de Chile en Italia, solicitud que fue rechazada por el equipo del ex jefe del gobierno militar sobre todo porque, en esa época, la hermana de Marrocchino y el sobrino de Pinochet estaban a punto de separarse definitivamente.
Con el tiempo, la familia chilena del nuevo amigo de Bolocco fue tomando conciencia de lo que hoy califican como un aprovechamiento de su parte. “Es una persona deplorable –dice Townsend en forma lapidaria–. Es un tipo que no da puntada sin hilo, un interesado y manipulador que seguramente querrá ganar algo con la Bolocco.”