05/11/2009

El cambio de nuestra TV: un destino en controversia

Por Manuela Gumucio*

El jueves 29 de Octubre tuvo lugar el seminario Provocaciones, organizado por el Observatorio de Medios Fucatel, en su sexta versión. Esta vez los análisis, a veces declamatorios de años pasados, fueron proscritos. Para nadie era un misterio que este debate estaba animado por la posibilidad de cambiar el curso de las dos leyes enviadas por el Gobierno al Parlamento para afrontar la digitalización de la TV. Se trataba de enfrentar las principales controversias, sin perder tiempo.

Un carácter de urgencia atravesaba el ánimo de los panelistas y de la numerosa asistencia enfrentada a un tema árido, a pesar de estar tan ligado a la entretención. Estas reformas han sido consideradas insuficientes, por algunos sectores y defraudantes para aquellos que esperaban que se dieran las condiciones para la entrada de nuevos operadores y con ello, una oferta televisiva más diversa y plural que la actual, amén de otras ventajas para la inclusión de los sectores rezagados a Internet y las nuevas tecnologías.

Desfilaron esa mañana, en el Café Literario del Parque Balmaceda, ejecutivos de canales, parlamentarios, miembros del Consejo Nacional de TV, Ángela Vivanco de ANATEL, Álvaro Ramis, por las organizaciones ciudadanas, Federico Joannon, miembro del directorio de El Mostrador, Eduardo Arriagada, académico de la PUC, Cristián Saieh, en representación de Canal 13 y el propio Ministro Transporte y Telecomunicaciones, René Cortázar designado por el Gobierno para la tramitación de estas leyes. Su presencia allí tenía el mérito del respeto al debate, puesto que el Observatorio se ha convertido en uno de los principales críticos de sus proyectos, oposición a la que se sumaron en la misma semana 50 organizaciones de la sociedad civil, que aprovecharon la ocasión para hacerle entrega de un decálogo, fruto de un encuentro de numerosas de organizaciones no gubernamentales, en las manos de Tehani Steiger, dirigente de la Plataforma Audiovisual que agrupa productores, creadores y otros gremios del rubro.

El ministro admitió, en su saludo inicial, que existían controversias en torno a este tema crucial, pero ellas no giraban en torno a si el Estado debía intervenir o no, sino que sobre el cómo debía hacerlo, y explicó que la política del Gobierno era optar por una regulación ex post al otorgamiento de las concesiones. Se refería con ello a su persistencia en defender como único requisito para el otorgamiento de frecuencias, la aprobación de un informe técnico por la Subtel. Esta postura es claramente opuesta a la del Consejo Nacional de TV, representado durante el seminario Provocaciones, por dos de sus integrantes, Herman Chadwick y Jorge Donoso, quienes defendieron el punto de vista de que las concesiones deben entenderse como un bien de todos los chilenos y los criterios para su otorgamiento deben responder al interés público.

Lo mismo afirmó Gloria Tristani, ex comisionada del principal organismo estadounidense, quien produjo un enorme impacto al informar a los chilenos de la enorme cantidad de obligaciones que tienen los concesionarios en los Estados Unidos: tres horas de programación infantil educativa, subtitular las producciones para sordos, imposibilidad de poseer al mismo tiempo un canal y un diario a lo que se agrega una duración de las concesiones televisivas de 8 años y no de 25 como en Chile, entre otros deberes y limitaciones que establece la ley.

También intervinieron los diputados presentes Esteban Valenzuela y Andrés Egaña y el senador Carlos Cantero, quien dijo que estaba a la espera de los proyectos en el Senado con una clara postura, similar a la del CNTV, que es por lo demás similar a la del Observatorio. Los tres parlamentarios advirtieron que serían especialmente vigilantes en convertir en realidad una verdadera TV regional.

La gestación y tramitación de ambas leyes ha estado marcada por controversias en los aspectos mencionados, así como también en las garantías de una distribución equitativa del espectro. Los medios masivos han ignorado de manera inexplicable tan importante debate, si se piensa que la TV es el más grande de los poderes políticos y culturales en las sociedades modernas. Cabe sospechar que este silencio responde a la esperanza que poderosos sectores tienen de que estas reformas pasen como por un tubo en el Parlamento, consagrando los privilegios de los actuales canales, frenando la llegada de nuevos aspirantes a compartir la llamada torta publicitaria y salvando la buena conciencia con la reserva de espectro para la TV regional, sin ni siquiera considerar un transportador publico que pueda garantizar, al menos, la difusión de pequeños operadores sin invertir en grandes redes de transmisión.

En su intervención el sacerdote Antonio Delfau, director de la revista Mensaje, con buen humor, dijo alegrarse de lo que escuchaba, porque la prensa chilena lo había convencido de que dicha Ley "representaba un atentado a la libertad de expresión".

Volviendo al país y al destino de nuestra televisión, la buena nueva es que el Ministro Cortázar reconoció el Estado "líquido" (cambiable) de los proyectos, lo que no podemos dejar de interpretar como un éxito de la acción de las organizaciones civiles y del propio Observatorio.

*Manuela Gumucio es directora del Observatorio de Medios Fucatel.

25/05/2009

Televisión entretenida: puro cuento

Por Sebastián Montecino / La Nación

No TV


La televisión hace rato que se sacó esa careta pintada en las cumbres intelectuales. Nada de andar educando, eso es para padres y profesores. Tampoco con eso de la política, que baja el rating. ¿Cultura? Bueno cultura puede ser cualquier cosa, incluso un rosario de chuchadas en horario infantil. Acaso los niños no tienen derecho a aprender el correcto uso de los chilenismos más conspicuos.

Que hay mucha violencia en la pantalla. Pues qué esperaba: somos una sociedad violenta, construida sobre el miedo y la angustia. Una amenaza, real o inventada, vale más que una estrella de sueldo millonario, es más productiva y no exige privilegios, ni negociaciones.

Que la televisión es puro sexo y erotismo. Sí claro. Pero ni "Yingo", ni "1810" han inventado nada y el pene, la vulva y el vientre han sido utilizados por la publicidad desde el principio de los medios. Por algo lo que más buscamos los chilenos en internet es pornografía. Por algo el vendedor de películas piratas del paseo Ahumada maneja más de la mitad de su stock bajo el rótulo de triple X.

Pero no disfracemos de seda al mono, que mono se queda. Eso de que la tele es entretención, es puro cuento. El divertimento es la excusa para la comercialización y el consumo. Sí, hay sexo en la tele, pero es sexo utilitario, del que vende pastas de dientes, perfumes y desodorantes. Ni los chilenos somos más liberados por "Infieles", ni menos pederastas por los reportajes de "Contacto". Pero seguimos consumiendo, ordenadamente, como niños buenos y temerosos de sus padres.

En fin. Lo que la lleva ahora es vender y vender bien. Los que han entendido eso y lo han asumido con convencimiento libre de cinismos son los que ganan plata a manos llenas. Miran para atrás a los que quieren, pero no pueden, a los que lidian con escrúpulos excesivos, a los que pelean día a día con líneas editoriales trasnochadas y a los que todavía responden a la lógica impuesta desde la torre de marfil de la irrealidad. La tele rentable es pragmática, comercial y regida por el principio de la utilidad.

La industria de la televisión jamás ha prestado de manera consistente un servicio al pueblo que la ve, pues está elaborada desde las elites políticas, morales y económicas y responde a sus propios intereses. En algún momento llegué a pensar que era un reflejo algo burdo de lo que somos. Ahora entiendo que la caricatura está aún más deformada. La televisión es un reflejo más o menos fiel de lo que las élites creen que quiere su pueblo. El resto, es paja molida.

29/03/2009

“Administran TVN como una fábrica de salchichas”

Faride Zerán Chelech, ex consejera del canal público
El terremoto de la salida de Vicente Sabatini y Pablo Ávila destapó las angustias que vive el canal de todos. A medio filo entre el éxito del mercado y la misión de hacer televisión pública, los últimos fracasos en la batalla del rating han llevado a la estación a la cola del pelotón. Pero la académica y Premio Nacional de Periodismo exculpa a los profesionales echados y apunta al modelo y al gatopardismo.

Explicados como "cambios organizacionales" en el lenguaje corporativo de la estación, la remoción de sus cargos de tres altos ejecutivos de Televisión Nacional Vicente Sabatini, director de Programación; Pablo Ávila, director de Producción de Contenidos; y de Cecilia Stoltze, gerente de Planificación son uno de los más resonantes golpes de timón que se han dado en la estación durante los casi cinco años de gestión del actual director ejecutivo, Daniel Fernández.

Sabatini y Ávila eran dos de los hombres fuertes, poderosos y temidos, con una larga carrera en la estación y que habían sido cabezas pensantes de la estrategia de TVN en un tiempo en el que la imaginería colectiva sigue situando a TVN en la cabeza de las preferencias populares, pero que en la puerca realidad de los indicadores de audiencia lo llevan a la cola: el canal comenzó el año en el cuarto lugar en el promedio de sintonía mensual, superado por competidores que hace algunos años apenas aspiraban a mirarle de cerca las espaldas.

Para reflexionar sobre esta crisis que lacera el alma de TVN, y que la tentación exitista de la sociedad del rendimiento reduce a simples números, consultamos a Faride Zerán, la periodista que entre 2000 y 2004, como parte del directorio de la estación, se transformó en un dolor de cabeza para los intentos de imponer en el canal los dictados de lo políticamente correcto.

Premio Nacional de Periodismo en 2007 y académica de la Universidad de Chile donde dirige el Instituto de la Comunicación e Imagen y dicta la cátedra de Ética y Tratamientos Periodísticos Zerán quien acaba de publicar su último libro, "Las cartas sobre la mesa", una selección de 40 entrevistas publicadas en la revista "Rocinante", que ella misma fundó y dirigió apunta su mirada a lo que considera un extravío en la misión de la televisión pública.

-¿Qué lecturas te sugieren la salida de Sabatini y Ávila? ¿Crees que efectivamente se trata de la mayor crisis que ha sufrido TVN en muchos años?

-No es un tema de nombres, sino de líneas, de políticas y de contenido de la televisión pública. Sabatini y Ávila pueden ser excelentes profesionales, pero el punto es que son parte de un sistema que administra la televisión pública como si fuera una fábrica salchichas, donde las utilidades y el rating mandan. Entonces, cuando bajan las utilidades y el rating, bajan también las acciones de algunos profesionales, en una dinámica en la que no se cuestiona el modelo de televisión pública ni se intenta innovar en nuevos formatos, en nuevos lenguajes y en otros contenidos.

-¿Cuál es tu interpretación de estos cambios?

-No quiero referirme específicamente a estos profesionales, sino al tipo de televisión que tenemos. El hecho de que cambien los equipos pero se mantengan las políticas te indica que es irrelevante quién esté, o quien reemplace a quien.

-TVN está en su peor momento de audiencias, ocupando el cuarto puesto entre los canales de televisión abierta. ¿Crees que estas mediciones deben ser consideradas válidas para el canal público?

-Si TVN cumpliera efectivamente con su rol, aún asumiendo que debe autofinanciarse, e intentara innovar en su parrilla con programas culturales, de debate, o de entretención que no tienen por qué estar divorciados del gusto popular, porque lo popular no tiene por qué ser ramplón y chabacano; si TVN abriera su pantalla a la producción de los talentos jóvenes que están agrupados en la plataforma audiovisual, si se abriera a la búsqueda de nuevos formatos, lenguajes y temas, y no reiterara una vocación más bien copiona, el estar en cuarto lugar podría ser un dato irrelevante. El problema es que cae al cuarto lugar haciendo la misma televisión que los otros, sin imaginación y sin riesgos, y dejando de lado su mandato de televisión pública. Es decir, no cumple su misión y además lo hace mal.

-¿Dónde, en qué momento, se jodió la TV publica? ¿Qué decisiones políticas llevaron a TVN a esta situación?

-La televisión pública se jodió cuando su directorio se transformó en una instancia de defensa de intereses y cuoteos políticos; cuando dejó de lado su mandato de fortalecer el espacio público con programas culturales, de debate abierto, plural, sin censuras a temas ni vetos a personas ni a ideas. Se jodió cuando se empezaron a cronometrar y a cuotear los discursos e ideas dentro de un espectro estrecho, que no daba cuenta de nuestra pluralidad, diversidad y riqueza cultural. Cuando abandonaron el riesgo por la sandía calada, es decir programas ya probados, muchos de dudosa calidad.

-¿Cuál ha sido tu participación en las discusiones sobre el nuevo proyecto de TVN?

-Como directora del Instituto de Comunicación e Imagen de la Universidad de Chile (ICEI), que incluye a la Escuela de Periodismo y la carrera de Cine y Televisión, fui invitada junto a Claudia Lagos, una joven académica, a la Comisión de Ciencia y Tecnología de la Cámara de Diputados, para hablar tanto sobre la modificación a la Ley de Televisión Nacional, como sobre la televisión digital, tema que expuso Claudia en su calidad de coordinadora del Programa de Libertad de Expresión del ICEI.

-¿Qué corrigen en forma positiva y en qué empeoran las propuestas que se están discutiendo?

-Uno de los cambios planteados en ese proyecto era subir de 6 a 8 el número de integrantes del directorio, y en tal sentido manifesté que era interesante siempre y cuando ese directorio no fuera la expresión de un cuoteo político, sino de la diversidad y pluralismo cultural de nuestra sociedad, incorporando por ejemplo la dimensión regional, la presencia de representantes de nuestros pueblos originarios, de rectores de universidades públicas, de representantes de la industria cultural, etcétera. Ese punto, sobre lo que había aparente consenso, fue rechazado posteriormente, lo que me indica que seguimos en la política del gatopardismo, que todo cambie para que todo siga igual.

-¿Hay alguna idea que modifique efectivamente el sentido actual de la televisión pública?

-Otro cambio estaba en la misión de TVN, donde se ratificaba en el fondo lo que ya está. Allí expresé que TVN, en tanto televisión pública, debía jugar un rol más proactivo en la construcción de una cultura democrática, de una cultura cívica; que la ausencia de debates y de programas culturales indicaban lo contrario, pero seguimos igual.

-O sea, en la vieja política de hacer cambios cosméticos que no modifican la estructura de cuoteo.

-Creo que la metáfora del gatopardismo es justa, más cuando los propios directivos de TVN que fueron a la comisión defendieron que el canal se autofinanciara, y otros modelos de televisión pública como el de la BBC, por citar un ejemplo, no fueron considerados. Pienso que estamos viviendo un momento complejo en materia de clima cultural, debate de ideas, reflexión de país.

-Siguiendo con las metáforas, ¿se podría decir que tenemos una televisión coludida para ofrecer los mismos contenidos con distintas marcas de fantasía?

-Todos nos escandalizamos con la colusión de las tres grandes cadenas de farmacias, que afecta la salud y traiciona la confianza de millones de chilenas y chilenos. Pero nada decimos sobre la colusión ideológica e informativa de los grandes medios de comunicación, que mantienen las pautas noticiosas, recurren a las mismas fuentes oficiales haciendo circular los mismos discursos y dejan fuera la pluralidad y riqueza política, social y cultural de nuestro país. Quiero decir que en materia de monopolios no son sólo las farmacias las que se ponen de acuerdo. Lo que afecta ya no sólo a la salud de nuestra población, sino al alma del país.


Por Juan Sharpe

27/03/2009

La otra crisis de la televisión

Salida de ejecutivos, maratón de Los Simpsons, despidos y menos rating. No todo es culpa de la crisis financiera internacional. Expertos explican por qué la industria televisiva ha estado tan movida.
Leonardo Núñez

Cuando TVN informó que Vicente Sabatini y Pablo Ávila perdían sus cargos claves al interior del canal, las alarmas sonaron en toda la industria televisiva chilena. Su salida coronaba el complicado escenario que viven estos medios.

Si las aguas ya estaban oscuras para los canales, la crisis financiera profundizó una tendencia: siguió la cancelación de programas, un menor avisaje, merma de audiencia, los despidos y hasta un departamento de prensa reducido al mínimo (La Red). Pero tampoco se puede culpar sólo a la recesión. Para los expertos en industria televisiva, el descalabro en los canales responde a una crisis propia de los medios, que ha afectado con mayor fuerza a la TV.

Lo que hizo la crisis financiera fue evidenciar estos problemas que venían de antes. Por ello el académico de la Universidad Diego Portales, Miguel Paz, considera tardía la respuesta de los canales. "La crisis de la industria era parte de las discusiones de las organizaciones de noticias en todo el mundo", dice el también periodista de "El Mostrador". "Pero en Chile, en áreas como la TV, no se ha tomado suficientemente en cuenta. En los diarios, el análisis es constante".

El académico de la UC, Eduardo Arriagada, dice que la TV es el medio más golpeado por el "tsunami digital": "Para simplificarlo, en los '80 seis de cada diez minutos que la gente dedicaba a los medios estaban dirigidos a TV. En el 2020, no serían más de tres minutos de cada diez".

En sus palabras, la TV abierta dejó de ser "la reina". Hoy debe luchar con una mayor oferta: con más canales y más presencia del cable. "Hay una multiplicación de alternativas", explica este experto en manejo empresarial de los medios. "Además, con el sistema de la TV digital y sus grabadoras, el televidente puede cambiar los tiempos de visita. La gente está consumiendo TV a su manera; la TV que conocíamos ya no es la misma".

A esto responden tantos movimientos en la industria. Los que, a su vez, se reflejan en pantalla. El director de programación de Canal 13, Vasco Moulian, y su propuesta de "televisión flexible" es un ejemplo. Con el maratón de Los Simpsons, el retraso de su noticiero central, las repeticiones de viejos programas y cambios de horario, busca conquistar este público que ya no se reúne en familia a ver "Sábados Gigante".

TVN con dos cabezas "era exagerado"

"Hay productores que han entendido mejor estas señales", dice Arriagada. Lo ilustra con la irrupción de CNN Chile. Los que decían que no se podía financiar un señal con 24 horas de noticias, lo hacían pensando con una mentalidad de televisión antigua. "La CNN de USA nunca ha vendido rating. Lo que vende es una media hora de noticias que repiten 48 veces. Pero te dicen, por ejemplo, que el día lunes hubo 90 mil chilenos de clase alta que vieron un aviso (x del noticiero), porque entraron en cualquier momento del día a ver el noticiero. Cuando entiendes esto así, cambias la manera de hacer TV".

Por eso tampoco le extrañó cuando Mega alargó "Casado con hijos" en desmedro de media hora de noticiario. "Mega rompió los horarios. Y ahora hacen lo mismo los canales grandes", señala el académico. "Creo que Vasco Moulian está entendiendo mejor lo que viene; entiende que no se puede seguir haciendo lo mismo. Antes, un canal grande era el cabrón. Decía, yo soy así y asá. Porque soy el 13. Pero ahora no es nadie. La gente se cambia de canal sin problemas".

Le pasó a TVN con "El Juego del Miedo". Haber tenido realities exitosos asociados a su marca y contar con Carlos Pinto no fue suficiente. Nadie vio el espacio. El público cambió de canal y TVN a sus directores de Programación (Sabatini) y de Producción de Contenidos (Ávila).

"Lo que hizo TVN fue algo muy duro, descabezó al canal. Fue como decir que se da por perdido el 2009", piensa Arriagada. “No es mala idea porque este es un año de mierda. Entonces, para que la María Elena Wood (nueva directora de programación) se ponga las pilas van a pasar cuatro meses. Y como este año Canal 13 está a medio morir saltando, TVN puede aprovechar la oportunidad de hacer una operación que estratégicamente tenía que hacer. Quizás necesitaba personas más modernas y capaces de entender esto y funcionar distinto. Porque tener dos cabezas era exagerado", dice en alusión al amplio poder que tenían Sabatini y Ávila en TVN. Esto obligó a que el director ejecutivo, Daniel Fernández, dirimiera sus diferencias cuando no estaban de acuerdo, según ha trascendido.

Cambiar el modelo o morir

Pero no sólo es la forma de programar la que está cuestionada. También el modelo de negocios de la industria. Ya no basta con tener audiencia. Lo dice Arriagada: "Mega ha aumentado su rating, pero quizás con un sólo tipo de estrato socioeconómico, comercialmente menos atractivo. Por eso es importante tener un modelo de negocios que funcione (...) En eso, quizás, ciertos números de Canal 13 sean mucho más atractivos".

El cuestionamiento al modelo de negocios quedó en evidencia cuando ya no se podía financiar esa TV de grandes estelares. Como traer a Julio Iglesias para tenerlo una noche en "Martes 13". Dice Miguel Paz: "La industria (chilena) está atrasada. Los grandes canales especialmente se están sustentando mucho en sus modelos anteriores de éxito. Todavía piensan en hacer un estelar o que un programa lo van a repetir en el verano. Siguen pensando en los caballitos de batalla que siempre habían funcionado (...) Si hablamos de resultados para capear la ola, ciertamente los canales chicos tienen más posibilidades. Chilevisión tiene muchos menos empleados que Canal 13. Su estructura de costos es más liviana. Son canales más nuevos y más flexibles".

Por ello varios académicos sostienen que el problema de la industria televisiva es estructural. Arriagada: "La crisis hizo más duro el aterrizaje, el guatazo va a doler más. Eso se ve en los diarios también, muchos han debido cerrarse antes de lo que se pensaba. En los canales no va a ser necesaria la misma cantidad de gente. Se van ha cerrar programas y aumentará la licitación de éstos con productoras externas, que no significan un costo fijo para los canales".

El futuro: adiós a las masas, bienvenido los nichos

Frente a un escenario de mayor oferta, los canales van a tener que competir áun más por el tiempo de la gente. Y con sus gustos específicos. "Si antes el modelo del best seller, como dice Chris Anderson en su libro ‘La cola larga’, era lo que se llevaba, el gran programa a lo ‘Martes 13', ahora con los distintos públicos, la audiencia se fragmentó y cada uno ve lo que quiere", dice Paz.

Claro que los grandes hitos continuarán. Como el Festival de Viña o el campeonato mundial, donde se vuelven a juntar todos los chilenos. Pero serán casos puntuales. "Antes se veían muchos los noticieros, más del 79% del público lo hacía al día. Estoy convencido que eso ya no existe. Desde la llegada de CNN, cambió todo. (La llegada) de CNN responde a que hay un mercado distinto", dice Arriagada.

El profesor de la UC también se ve pesimista sobre el futuro de la TV abierta cuando se inicie la TV digital en Chile: "La TV digital europea se está cayendo a pedazos. En Inglaterra, los tres canales privados más importantes pidieron autorización al gobierno para fusionarse. Así de mal están económicamente. No basta multiplicar las señales. ¿Quién financia esas señales? ¿Cómo tú pagas una TV de calidad mínima con 20 canales en una ciudad como Santiago? Quizás no hay recursos para hacerlo".

Miguel Paz, por su parte, proyecta que los canales potenciarán su presencia en Internet: "TVN contrató a Mario Cabezas para que se hiciera cargo de Internet, él le ha dado nuevos bríos a esta área. Y Canal 13 está rediseñando todo su sitio. Eso da pie para pensar que los canales puedan renovarse. Cuánto y cuán rápido, es la pregunta que queda por ver".

A juicio de Arriagada, la televisión en los próximos años va a tener más programas de nicho, más segmentados. "En el fondo, la programación para toda la familia es una programación para nadie. Por eso tiene que cambiar".

26/03/2009

El terremoto de TVN

Dado que Televisión Nacional es una empresa pública —el canal de todos los chilenos—, permítanme escudriñar a fondo sobre los motivos por los cuales Daniel Fernández, director ejecutivo de la estación, optó por “tirar el mantel”. El lunes pasado removió de sus cargos a ejecutivos claves de la empresa. Y desde que inició su gestión, ha realizado otras reestructuraciones similares a la actual. Sin ir más lejos, el año pasado otros dos ejecutivos de larga y exitosa trayectoria también fueron destituidos. Cabe preguntarse entonces: ¿qué está ocurriendo al interior de TVN?

En televisión mantener el liderazgo es tanto o más difícil que obtenerlo. Es el caso de TVN. Cuando el actual director ejecutivo asumió la dirección de la empresa en 2004, Televisión Nacional todavía era percibida como el canal líder. Contaba con un promedio de rating anual de 9,2 puntos. Sin embargo, en los últimos cuatro años ese rating ha ido bajando hasta alcanzar 7,2 puntos, cifra sin precedentes en la historia del canal. Se podría decir que el director ejecutivo ha tomado decisiones incorrectas sucesivamente. Aun más, pareciera que su gestión no responde a ningún tipo de accountability, dado que el directorio de la empresa no ha reaccionado al respecto. ¿Tendrán conciencia de la fragilidad y gravedad de la situación? Como van las cosas, TVN estará sumida en una crisis irreversible para el año 2012.

La explicación común para justificar el dramático descenso de los ratings es la alta competencia existente en el mercado actual. Sin embargo, este argumento no tiene mayor asidero. Desde inicios de los ’90, cuando la televisión chilena se abre —penetran la televisión privada, el cable y el satélite— se inicia una competencia sin precedentes. Aun así, TVN fue capaz de transformarse en el canal líder. Por cierto, las audiencias y la competencia van cambiando a través de los años. Antes existía una verdadera “guerra” entre TVN y Canal 13. Luego entre Canal 13 y Mega, compitiendo por el segundo lugar. Hoy, el liderazgo es disputado mano a mano entre todos los canales. Quizás por esta última razón se argumenta que la competencia actual es mayor. Si es así, entonces habría que preguntarnos: ¿por qué TVN prácticamente tiene los mismos ratings que los llamados canales “chicos”? ¿Cómo se llegó a esta situación? La respuesta es simple: TVN perdió el liderazgo, razón por la cual su audiencia se desperdigó. En otras palabras: el resto de los canales creció a costa de TVN. El remanente de telespectadores, que era fiel a Televisión Nacional, sencillamente se fue al cable y a internet. La interrogante de fondo es: ¿ por qué TVN perdió su liderazgo?

Para ser líder hay que diferenciarse; tener una identidad propia. Actualmente, TVN no se distingue del resto de los canales; se desperfiló. Su fortaleza era precisamente la variedad de contenidos y formatos, y la difusión de programas diversos en prime time, que contribuían a reforzar su misión como canal público. Sin embargo, se optó por privilegiar las telenovelas y la entretención light. Pero si la misión es representar la pluralidad, la diversidad social y cultural, entonces fue un contrasentido haberse jugado por una programación homogénea. Para confirmar lo dicho, basta comparar con los años anteriores a 2004 los porcentajes de horas dedicadas a cada género y formato de televisión.

Por otro lado, TVN fue incapaz de mantenerse sintonizada con los gustos e intereses cambiantes de las audiencias. Para ganarse a los esquivos telespectadores, es necesario innovar permanentemente. Debe existir afinidad con el público, compartir los mismos intereses y valores, tener una relación estrecha —de amistad, por así decirlo—, para lo cual es fundamental que haya confianza y credibilidad. Sin embargo, cuando se subestima la inteligencia de los telespectadores, cuando se cambian los horarios y la programación en forma arbitraria, cuando se manipulan las expectativas y se repiten los contenidos hasta la saciedad, cuando no se respetan los hábitos de consumo, se rompen la confianza y la afinidad, dos valores esenciales en la comunicación moderna.

Finalmente, pareciera que las autoridades de TVN no han logrado entender que la televisión es un producto intangible, artístico y cultural, cuya materia prima es el talento, la creatividad y la experiencia de sus empleados. Este equipo humano es el capital; el que genera valor a una empresa de comunicación y entretención. Para conducir un equipo con estas características, se necesita tener mucha inteligencia emocional, un liderazgo creativo, empático, y no puramente tecnocrático. Así de simple.

Altamirano, Juan Carlos